domingo, 21 de mayo de 2017

PROMESAS INCUMPLIDAS



Llegamos a creerlo al pie de letra, probablemente porque una mentira hermosa siempre es más apetecible que la cruda realidad. Hollywood hizo surgir un imperio de fantasía de la nada, una marca registrada de palomitas y derecho a final feliz. Dentro de la utopía, el género musical era la evasión máxima, el rincón donde Fred Astaire y Ginger Rogers hacían levitar a la audiencia. Nunca se podría fallar. El chico bueno y la mujer adecuada se cruzaban en el momento preciso. Ninguna estrofa hablaría de la hipoteca, los problemas para encontrar un buen colegio para la prole y el precio del seguro médico. 



La La Land (2016) es un film que se niega a ser acomodaticio, aunque le hubiera ido muy bien de habérselo permitido. Y es que este giro de tuerca al género del pasado curso cinematográfico tiene el don de la oportunidad. En primer lugar, un acierto de casting incuestionable, pocas parejas existirán ahora en la industria con la química en pantalla que pueden generar Emma Stone y Ryan Gosling. Los intérpretes idóneos para hacer una historia de amor clásica sin que el sonido pareciera cursi. No serían ya pocos méritos para reventar en taquilla, pero hay algo más, un embrujo muy particular en la historia que ha creado la mente detrás de todo, Damien Chazelle. 



El romance se nos cuenta para las cuatro estaciones, sin atajos ni soluciones fáciles. Mia aspira a ser una actriz de cine mientras se gana el jornal como camarera en la ciudad de Los Ángeles; por su lado, Sebastian, un músico de jazz, afronta algunos de sus retos más acuciantes en un momento de grave crisis personal. El kismet diría que no les conviene cruzarse en ese momento, sin embargo, las cosas no salen precisamente cómo las teníamos planteadas en la hoja de ruta. 


Y en ese trazado hay un envoltorio espléndido. Como cabe esperar en una industria con recursos, desde a primera y original coreografía creada en algo tan rutinario y pesado como un atasco en hora punta, cada movimiento y canción están pensados para un propósito. La factura es magnífica, pero lo que lleva a La ciudad de las estrellas a ser algo aparte es que, cuando abrimos el regalo, podemos observar que lo que hay dentro es todavía más valioso que le simple bella factura de venta y embalaje. 



Sebastian y Mia son interesantes. Reflexionen por un instante en las últimas comedias románticas que hayan visto recientemente. ¿Cuántas veces podrían decir que les cayó bien la pareja protagonista, que se tomarían con agrado un café con cualquiera de los dos? Ojo, no habló de que no parecieran atractivos, encantadores o idílicos. En este caso, es algo más. Son reales, seres de carne y hueso con inquietudes, dudas en su esfera laboral y con miedo ante el vértigo que se siente en ese estado etéreo que es caer bajo las flechas de Cupido. 



Chazelle y su equipo lo consiguen. Una vez se obtiene esa renta, ni importa el metraje, se puede contar lo que venga en gana, porque el público lo va a sentir como propio. Los amantes del jazz se sentirán complacidos por esa oda a un género muy especial que corre los riesgos del desuso, una carta de homenaje a algunos de los nombres claves de esa música repleta de mística. Si no, tampoco se alarmen. No hay que ser erudito en la materia para comprender la pasión que despierta el jazz en Sebastian. 


A medida que la melodía avanza, vamos intuyendo que esta cinta no va a ser el uso, que la hermosa sinfonía que está mezclando los sueños con la cruda realidad no va a traicionarse a sí misma al final. Y es que esta apuesta tiene un toque que no abunda, la capacidad de recordar que en la ficción también debe haber un lugar reservado para la tristeza y la melancolía. 



Aunque sean diferentes, en muchos sentidos, Café Society (2016) y la obra que hoy nos ocupa son primas-hermanas. Ambas logran la nada despreciable alquimia del encanto sin caer en lo cursi, son el reflejo mejorado de un espejo, pero que no ocultan la verdad de las contradicciones que tiene toda relación en pareja. 



Premio arriba o premio abajo, creo que La ciudad de las estrellas consigue algo más que un elocuente palmares. Al final del día, un rincón destacado en Sunset Boulevard, como una de esas extrañas joyas donde Hollywood habla de las promesas incumplidas de la vida, precisamente de aquellas que han fraguado en buena medida su fortuna, sin negarse por ello la fascinación al amor, la música y la belleza. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.breezejmu.org/life/reviewing-the-films-at-the-virginia-film-festival/article_dc4c0966-a8f9-11e6-9b8c-8b0d86b98b53.html



-http://www.imdb.com/title/tt3783958/mediaviewer/rm909193984



-http://submergemag.com/tv-and-film/la-la-land/

domingo, 14 de mayo de 2017

LA ESPADA QUE GUARDA EL CAUDAL (NARCOS, PRIMERA TEMPORADA)


"There is a reason magical realism was born in Colombia"-Narcos (2015), opening episodio piloto. 



Esta es una historia que comienza por debajo del suelo, justo donde las cucarachas y las ratas, eternas supervivientes, establecen sus dominios. Pero llega hasta exuberantes selvas con laboratorios bien equipados y guerrillas clandestinas, donde se fraguan alianzas y grandes negocios. Desde la dictadura de Pinochet en Chile hasta los Estados Unidos de Ronald Reagan, un amplio mapa geográfico y político donde Pablo Escobar Gaviria grabó su nombre en letras de sangre. Hay una razón para que el realismo mágico literario tuviera su cuna en la fabulosa mente del colombiano Gabriel García Márquez; también la hubo para que el Cartel de Medellín impusiera durante mucho tiempo un imperio de terror y grandes ganancias. Narcos nos sitúa bajo la óptica del DEA y las autoridades colombianas para sumergirnos en una biografía fascinante y terrible. 



Por supuesto, estamos ante una obra de ficción con una gran cantidad de licencias. También hemos de considerar que la serie da un punto de vista estadounidense del asunto. Un ejercicio muy recomendable es alternar el visionado de Narcos con Pablo Escobar, el patrón del mal (2012), versión libre de La parábola de Pablo, en la que se profundiza mucho en la biografía y contexto socioeconómico de la Colombia de Pablo Escobar. Ambos shows televisivos se complementan y enriquecen mutuamente. 



En la que hoy nos ocupa, Wagner Moura tarda poco en cogerle el pulso a su personaje, quedando claro desde la célebre escena de los camiones de contrabando y la manera de reaccionar del protagonista ante las autoridades que controlan el paso hasta dónde pretende llegar. Una ambición en la que le acompaña su pariente Gustavo (Juan Pablo Raba), si bien todo el núcleo familiar de este supuesto propietario de una compañía de taxis respalda unos propósitos que le permitirían usar el monopolio de las drogas que entran a Miami para financiarse su propia carrera política en su país natal. 


"Inteligentemente se centra en contar la historia desde distintas perspectivas, pero con una atención primordial a no representar a los estadounidenses como los héroes"-Tim Goodman, The Hollywood Reporter



La sombra del patrón más poderosos que hasta ese momento se había conocido en el mundo del narcotráfico es alargada, pero el equipo de guionistas tiene un gran acierto a este respecto: los personajes que llevan el hilo narrativo de la trama se reparten, especialmente gracias a la pareja que formarán el agente norteamericano Murphy (Boyd Holbrook) y Javier Peña (Pedro Pascal). Ambos actores se encuentran en estado de gracia con dos policías complejos, con fortalezas y debilidades que permiten conectar fácilmente con ellos. 



Cada episodio va añadiendo más piezas al rompecabezas de la meteórica carrera de quien, pese a la lista de crímenes sin resolver que se iban acumulando, fue reconocido en las zonas más desfavorecidas de su tierra como el Robin Hood paisa. No en vano, Escobar supo encontrar un aparato de propaganda importante, donde la violencia se alternaba con un cuidado de los más marginados por un sistema implacable. Una barriada de Medellín obligada a vivir en un basurero se vio reformada por el supuesto benefactor. Narcos advierte, sin moralinas, de las fallas e hipocresías de un sistema que desatiende a los más necesitados y los pone a merced de hábiles oportunistas. 



Stephanie Sigma encarnará en estos compases iniciales a Valeria Velez, una periodista hermosa y sin escrúpulos que ayudará a Escobar a orquestar todo su aparato de propaganda. Al más puro estilo cine noir, vamos adentrándonos en una personalidad tortuosa, a veces, un padre de familia con problemas comunes a cualquier persona corriente. Sin embargo, Moura sabe transmitir, igual que el gran James Gandolfini, que ese entrañable paterfamilias enamorado de su esposa (Paulina Gaitan, actriz más que interesante, la cual va creciendo a la par que su personaje cada capítulo) puede pasar de la afabilidad a la crueldad más extrema en una décima de segundo. 


"Soy la espada que guarda el caudal"-Rodrigo Amarante, Tuyo



La espada de Simón Bolívar es uno de los símbolos más reconocibles en América Latina, una evocadora imagen en el recuerdo popular del inicio de los movimientos de independencia con respecto a la metrópoli que se dieron en el continente durante el siglo XIX. Con habilidad, el arma libertadora es empleada en Narcos para firmar una metáfora elocuente.



Otro elemento que va gestándose, aunque es más bien el plato fuerte de la segunda temporada, es un fenómeno paralelo a Medellín. Si Miami era uno de los grandes trozos del pastel, New York era el otro dulce que más apetecía. El Cartel de Cali será la otra gran organización que empieza a enriquecerse sobremanera gracias a su implacable gestión. De cualquier modo, su estilo es bien diferente al del sistema de Pablo Escobar. Profundizaremos en ello para la segunda temporada, la cual desmenuzaremos en el blog dentro de cuatro semanas. 



Todo un conglomerado de sensaciones para llevarnos a días turbulentos, donde hubo heroicidades, villanías, codicia, etc. El casting es muy cuidado hasta el punto de permitirse la presencia de secundarios de la talla de Luis Guzmán (Atrapado por su pasado) para hacer de uno de los implacables socios de Pablo Escobar. Firmes cimientos para alcanzar el clímax prometido en la siguiente parte de la parábola. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://biiinge.konbini.com/series/narcos-5-scenes-qui-illustrent-la-vie-incroyable-de-pablo-escobar/



-http://www.miaminewtimes.com/news/dea-agent-behind-narcos-spent-years-busting-coke-dealers-in-miami-8053143



-https://paneladeseries.wordpress.com/2015/08/31/narcos-s01e2-the-sword-of-simon-bolivar/

domingo, 7 de mayo de 2017

SIN PIEDAD

Víctor Santos pertenece a una especie en peligro de extinción en España: un autor de cómics que ha logrado fraguarse una posición por méritos propios y sobrevive con prestigio dentro del mundillo. Recientemente, el artista valenciano ha vuelto a la carga con la publicación de Polar: Sin piedad para la hermana María. Una historia hiperbólica, violenta y trepidante que va en consonancia con los derroteros tomados por este trota-mundos de las viñetas que ha trabajado, entre otros, con guionistas de la talla de Brian Azarello. Y se nota que ha aprendido de los maestros en el género para sumergirnos en una historia puramente noire



La trama se corresponde con el modelo clásico de venganza que se va complicando. Un jefe mafioso recibe la noticia de que su joven esposa al fin ha sido localizada tras haberse fugado de su casa, con la pretensión de abandonar el imperio criminal de su cónyuge. María de Cagliostro busca ahora la redención en los muros de un escondido convento europeo. La noticia será aprovechada por mercenarios de todos los rincones para ofrecer sus servicios, mientras que agentes infiltrados del FBI ven que la susodicha podría ser el testigo clave para tumbar la organización delictiva de su marido. 



No tiene nada de extraño que, en los primeros compases para su webcómic, Santos considerase que la aventura podía contarse totalmente muda. Evidentemente, al salir al mercado por Norma Editorial e irse desarrollando la idea, los diálogos han terminado siendo inevitables, si bien hay muchos compases de la narración donde solamente con las imágenes ya tenemos una impresión certera de qué es exactamente lo que está sucediendo a nuestro tarantinianos protagonistas.


Los responsables hacen aquí una edición cuidada, aunque sospecho que su formato no va a agradar a todo el público. Quizás un mayor tamaño hubiera encarecido el producto, pero, a título personal, habría provocado una lectura más cómoda. Eso sí, desde la cuidada portada podemos apreciar el talento del artista para representar las siluetas de las principales espadas de esta guerra coral, la viveza de los colores, junto con el esmero que desprende cada composición de las páginas.



Diego García Rouco ha firmado recientemente una excelente crítica sobre la obra que hoy nos ocupa donde la cataloga, por encima de todas las cosas, como un western. Efectivamente, así es, a pesar de las mafias, o precisamente por ellas, al final todo termina siendo el pulso de unos cazarrecompensas en un gélido y remoto lugar.  



La violencia de la historia es extrema, si bien también muy comiquera. Es decir, realmente tiene un cierto aroma de irrealidad, ante tantos disparos sin recargar, piruetas imposibles, agentes capaces de abatir a ejércitos enemigos sin despeinarse y, en definitiva, todo en una atmósfera de leyenda. El aislado convento se convierte en un personaje más.

Uno de los grandes piropos que podemos lanzar a esta tercera entrega de la saga es que puede leerse sin problemas de un tirón. La puesta en situación es rápida, el ritmo resulta ágil y siempre están ocurriendo cosas para que no nos detengamos a pensar en ningún momento. Afortunadamente, también hay reservado algún giro de guión que deparara alguna interesante sorpresa.



Black Kaiser es el motor de este mini-universo visceral de espionaje y trapos sucios de los poderosos, un veterano guerrero que sirve como excusa a su autor para explorar todo tipo de recónditos paisajes, llevando a su audiencia a una montaña rusa de emociones donde la palabra pausa está vetada. No en vano, a veces se ha considerado que una de sus grandes fuentes de inspiración deben haber sido aquellas impresionantes aventuras de Nick Furia durante la gloriosa etapa de Jim Steranko con el director de Shield. 



Quedamos a la espera de nuevos tomos para seguir disfrutándolos.



ENLACES DE INTERÉS:



-CRÍTICA DE DIEGO GARCÍA ROUCO (ZONA NEGATIVA)



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.normaeditorial.com/ficha/9788467926361/polar-3-sin-piedad-para-la-hermana-maria/



-http://www.zonanegativa.com/polar-sin-piedad-la-hermana-maria/



-http://www.zonanegativa.com/polar-sin-piedad-la-hermana-maria/

domingo, 30 de abril de 2017

UNA HABITACIÓN


Cuando Andrés despertó, la habitación todavía estaba allí. No le costó mucho reconocerla, aunque algunos detalles parecían diferentes. Sin embargo, dudó de sus propios instintos, últimamente su memoria de elefante le fallaba hasta el punto de sentirse incómodo en su propia casa, aquella que compró con tanto esmero hacía treinta años. Bienvenidos a "El Padre", una pieza teatral que no puede dejar indiferente a nadie, una reflexión sobre una de las etapas más fundamentales de la vida, si bien la ficción ha solido rehuirla por no considerarla comercial: la vejez. 



José Carlos Plaza dirige y adapta un texto inteligente, surgido de a mente de Florian Zeller, una trama que va a resultar cercana a muchas personas, porque es el ciclo vital el que la marca. En muchos sentidos, la tercera edad es el retorno a la niñez, al sentirse desvalido, el temor del desamparo, la búsqueda de la más elemental protección. Un argumento sensible y sin paños calientes, el cual no renuncia a uno de los elixires que hemos creado para afrontar las circunstancias más crueles: el sentido del humor. 



El actor escogido para Andres no podía ser otro: Héctor Alterio. El titán argentino es uno de esos escasos intérpretes que puede transmitir mil sensaciones mientras su personaje está sentado con su pijama en un sofá. Su capacidad para dar el tono justo a una frase y la fuerza de su mirada le hacen dominar mil registros, usados a su antojo, quedando el público en todo momento a su merced. Plaza, director hábil, sabe dosificar a su gran estrella, da pausas durante las escenas para que echemos de menos a Andrés, para evitar que pierda carisma o esta historia familiar se torne un monólogo. 



Y es que el Alzheimer, como el cáncer, es una enfermedad cuya capacidad de destrucción parece casi ilimitada: afecta a la persona y a todo lo que tiene a su alrededor, sin ningún asomo de piedad. La dolencia de Andrés condiciona su vida y la de sus hijas, yernos, enfermeras, etc. Ana Labordeta regala un personaje maravilloso en ese sentido, reflejando la transformación brutal en su vida cotidiana lo que significa eso, quedando como único consuelo el amor a su padre. 



Todos estos ingredientes ya bastarían para hacer una agridulce comedia capaz de cautivar, de cualquier modo, hay más, bastante de hecho. La escenografía e iluminación se combinan con simpleza y habilidad para hacer una metáfora elocuente e imperdible, la iremos adivinando, pero en nada nos estorba. Queremos hacer el viaje con Andrés hasta el final, como si sintiéramos que, en caso de tener la fortuna de llegar hasta allí, también nos tocará a nosotros. 



Y habrá momentos duros. Porque, como advertíamos previamente, el conocimiento de Zeller de la naturaleza humana es profundo y eso obliga a pararse en las dos caras de la moneda: si existe la piedad, es porque somos capaces de una gran crueldad. Donde reside el cariño, suele darse también la ingratitud, de padres a hijos, maridos a mujeres, etc. Durante la función, somos transportados a una reflexión profunda donde se revelan cosas que sospechábamos pero no queríamos ver aflorar. 


Aquí se advierte la hábil mano de la dirección. Igual que estamos ante una obra que se niega a ser edulcorada, también se muestra reacia al exhibicionismo. El texto y el reparto confían en la inteligencia de su audiencia, saben que si le dan las pistas atarán cabos en esta biografía de retazos, que en el teatro es peor lo que estamos obligados a imaginar que cualquier cosa visible. 



En todo ello se mueven las motivaciones. Cada persona del elenco es consciente de que su rol no es ni bueno ni malo, el círculo del protagonista tiene sus motivaciones, una serie de intereses que se protegen de una manera egoísta, como es propio de la vida que, pese a todos, siempre puja por continuar. La arriesgada manera de hilvanar la historia funciona por la generosidad de los demás, al servicio de un artista argentino en los niveles que solamente alcanzan los tocados por la varita. 



Cuando cae el telón resulta fácil sentir que hemos tenido el privilegio de ver el clinic de uno de los grandes últimos maestros, de un actor excepcional que aquí se siente cómodo y arropado por una compañía espléndida y una ayuda técnica soberbia, Alterio disfruta y hace disfrutar a partes iguales. Como bien apuntaba el propio Plaza, Andrés nos hace reír pero nunca de él.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Gran Teatro de Córdoba, El Padre, función del 30 de abril de 2017 [Fotografía tomada por el autor del blog]






domingo, 23 de abril de 2017

HISTORIA DE UNA RIVALIDAD



El duelo es un relato del célebre escritor Joseph Conrad. A pesar de aparecer publicado por primera vez en el año de 1908 junto con otras cinco ficciones, esta pequeña historia de una rivalidad pronto se convirtió en un objeto de fascinación para las personas que la leían. ¿Qué motivó a los militares Feraud y D´Hubert a odiarse de una manera tan encarnizada a través de los años en la Europa napoleónica? Nada y todo, puesto que, como tantos otros grandes odios, las raíces suelen ser absurdas y poco profundas.  



"Ningún hombre logra éxito en todo lo que emprende. En ese sentido cualquiera de nosotros es un fracasado. El punto esencial reside en que no fallemos al ordenar y sostener el esfuerzo de nuestra vida". Así se expresará el propio Conrad en un punto clave de su narración. Cierto halo de misterio envuelven sus páginas en este caso, puesto que sin entrar en abundantes detalles, logra crear una atmósfera de familiaridad y complicidad en su público para que sigamos absortos los diversos lances que dos formidables personalidades se ven obligados a sostener. 



Entre las propias filas de húsares del ejército napoleónico donde sirven, los perennes enfrentamientos de mal llamado honor entre ambos alcanzarán un rango legendario. No tiene nada de extraño que un hábil cineasta como Ridley Scott sintiera que allí había un gran material para hacer una adaptación cinematográfica de altura, Los duelistas (1977).



Conrad logra una extraña alquimia a conseguir mantener el interés del drama sin añadir excesivos personajes secundarios, tampoco abundan descripciones de la época. Obviamente, nos retiraremos con ambos oficiales de las nevadas estepas rusas repletas de amenazadores cosacos, mientras que los dos guerreros buscarán algo de descanso y paz en algunos lujosos salones en refinadas capitales europeas. No obstante, al final del día, las poderosas sombras de D´Hubert y Feraud absorberán todo lo demás sin piedad, como si no permitieran intrusiones en el testamento de su ancestral necesidad de revancha.



Conviene que nos detengamos, aunque sea de forma breve, a examinar la construcción de estos protagonistas. Feraud es descrito por el autor de manera clara en apenas unos trazos, siendo la clase de persona que encuentra acomodo bajo el ruido de los sables y los cañones. En su vida social, el combativo jinete no es comparable al más refinado D´Hubert, siendo una figura gris que solamente encuentra un objetivo vital al servicio del Emperador y alimentado el deseo de venganza por afrentas sufridas, ya sean reales o imaginarias. Eso sí, Conrad es un literato complejo y revela el por qué Feraud es un adversario tan temible, puesto que su coraje no es un valor irreal; a su natural arrojo se le suma un sentimiento de irreductible que harían a cualquiera pensárselo dos veces antes de medirse frente el en cualquier pelea.



D´Hubert se asemejaría con mayor facilidad a una especie de dandi para el siglo XIX. Cómodo con su uniforme tanto en el campo de batalla como en reuniones sociales, su estilo le permitiría obtener algún buen matrimonio ventajoso tras haber tenido varios lances amorosos afortunados con cortesanas. Si en cualquier relación de pareja hay un amante y un amado, en el odio también hay un papel más activo que el otro. A la par que Feraud es incapaz de olvidar la deuda por saldar, D´Hubert se mostraría complacido si ese molesto hombrecillo dejase de mandarle padrinos, contento ante la perspectiva de que los dos pudieran pasar página.


De hecho, D´Hubert será quien sepa prosperar tras la derrota de Waterloo en la nueva (o vieja) Europa que se gesta tras la caída definitiva de Napoleón. Pero si Frankenstein era incapaz de que sus actos no volvieran a visitarle, su pesadilla gascona y forjada en el mismo metal de su padre herrero, volverá a intentar enturbiar sus días de paz y galanteos.



Conrad convierte a sus dos criaturas en víctimas de la enfermiza concepción del honor de la época, una cuestión que llevó a abundantes personas a los cementerios antes de tiempo. Pistolas y espadas como resolución de los conflictos y la presión social, siempre ella, para arrojar a uno y otro contendiente al terrible desenlace.



En cierta ocasión, nuestro escritor afirmó que con esta pequeña novela había querido hacer una tentativa de pequeña ficción histórica. Pero resultó ser algo más. El pulso entre el luchador experimentado y el estratega. El elitista aristócrata frente al hombre ascendido por sus méritos. El caballero frente al guerrero. Una danza sin sentido, inútil y fascinante.


  
EDICIÓN MANEJADA:



-CONRAD, J., El duelo, Alianza Editorial, Madrid, 2008.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.casadellibro.com/libro-el-duelo/9788420668369/1223513



-http://www.filmaffinity.com/es/film875283.html



-http://www.jotdown.es/2015/10/el-honor-segun-joseph-conrad/

domingo, 16 de abril de 2017

EL BAR DE LAS REVELACIONES



La bestia ha vuelto. Se pueden decir muchas cosas de la última película de Álex de la Iglesia, El bar (2017), sin embargo, quizás para sus fans sea esa frase de obertura la primera idea que les venga a la cabeza. Acompañado de su guionista de confianza, Jorge Guerricaechevarría, el cineasta vasco vuelve por sus derroteros más salvajes, una mezcla castiza de Diez negritos (1939), La jauría humana (1966), Última llamada (2002) y El libro de las revelaciones (finales siglo I d.C.-comienzos siglo II d.C.).



El escenario no puede ser más cotidiano para la cultura española de hoy día. Un bar de tránsito en algún lugar de Madrid, una estación de breve paso para muchos de los parroquianos del lugar, conociéndose ya bastantes entre sí. No obstante, tanto los clientes habituales como otras personas que han entrado por azar van a lamentar profundamente estar allí a las nueve de la mañana de un día cualquiera. La presencia de uno o varios francotiradores va a acabar con la vida de quien intente salir sin existir ninguna explicación aparente.



A pesar del poderoso gancho, puesto que a medida que se interroguen a sí mismos los atrapados verán que hay intereses oscuros para acordonar esa zona, al director le interesa poco el por qué van a quedar allí enjaulados. Todo es un poderoso mcguffin para jugar con unos personajes bien construidos y mejor interpretados. Terele Pávez, una de las actrices de confianza de Álex de la Iglesia, caracterizará a Amparo, la arisca propietaria del local, acompañada de Sátur, un camarero que lleva mucho tiempo a su servicio (un magistral Secun de la Rosa se encarga de este papel).


Aunque sea una historia coral, El bar hace que su auditorio se proyecte con facilidad en Elena, una mujer que entra por azar en el momento más inoportuno para visitar el barrio. Blanca Suárez se muestra perfecta en esa función y su álter ego a va ser quien tenga un arco más rico, plasmándose una transformación de personalidad y física en un verdadero descenso a los infiernos, como si se tratase de la víctima de una maldición. Probablemente, se trate de su mejor trabajo hasta la fecha, puesto que debe haber supuesto su rodaje más exigente.



El casting, como suele ser el sello del creador de El día de la bestia (1995), combina con acierto apuestas muy seguras con un buen sentido comercial del riesgo. Por un lado, encontramos a una artista tan consagrada como Carmen Machi, la cual hace de todo y, lo que es más importante, todo bien y con credibilidad sin aparente esfuerzo. En el otro, Álex persiste en su apuesta por Mario Casas, actor que no siempre me convence, pero que con él suele tener buenas prestaciones. En el caso concreto de El bar, se muestra sólido y hace de un individuo complicado con muchos colores grises. 



Dentro de esta variada fauna, se permite un personaje visceral y que alterna lo cómico con lo trágico, Israel (Javier Ordóñez). En apariencia se trata de un indigente que ya es bastante conocido por todos los vecinos y colabora en la parroquia para sacarse un poco de dinero; no obstante, el giro de acontecimientos le va a equilibrar al resto y, tal vez por una vez, quizás su instinto de supervivencia le ponga en el papel de juez justiciero del valle de Josafat. Ordóñez hace una composición pasional de la que se beneficia el ritmo del film. 


Generalmente, esta especie de mini-Cluedos funcionan muy bien en el primer acto. Más si, como es el caso, hasta quien tiene solamente un par de diálogos lo hace con una naturalidad envidiable. De cualquier modo, a medida que avance el asunto y se acrecienten las sospechas, la propia naturaleza de la historia condiciona y encajona los escenarios. El equipo del director acepta el reto y va hallando caminos subterráneos para conseguir seguir manteniendo atentas las miradas y que nadie abandone el barco hasta llevarlo al sangriento puerto al que va abocada la trama. 



Conforme se van cerrando las puertas y las vías de salida, aflorará lo peor de la naturaleza humana y lo que estamos dispuestos a hacer por mantener nuestro pellejo. Se nota la fina mano de humor negro que posee el argumento, ingenioso y retorcido, pero sin llegar a ser del todo negativo, no odia a ninguno de los protagonistas, todo el mundo tiene sus motivaciones para creer sinceramente que ellos merecen ser los primeros en escabullirse de allí. 



El bar no dejará a nadie indiferente. A muchos les va a gustar y a otros tantos del público les generará dudas y hasta estupor. Como fuere, solamente por el sentido del riesgo y ese sello tan personal que posee una filmografía única en su especie dentro del cine español, merece la pena abrir esa puerta aún con el riesgo de quedar atrapados. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.20minutos.es/noticia/2919919/0/nuevo-trailer-alex-de-la-iglesia/



-https://www.berlinale.de/en/presse/pressevorf_hrungen/datenblatt.php?film_id=201715522#tab=video25



-http://www.hobbyconsolas.com/reviews/bar-critica-nueva-pelicula-alex-iglesia-93080

domingo, 9 de abril de 2017

THE SIMPSONS GUY


Parece un guión de ensueño pero es una trampa mortal. Ninguna persona con aspiraciones a guionista querría este encargo en cuanto lo pensase un poco. Juntar a dos de las series más emblemáticas de la animación. Por un lado, el sentimiento de fan hace pensar que es una oportunidad única. Bien mirado, supondría una manera de enfadar, como mínimo, a una de las dos hinchadas. Family Guy y The Simpsons se parecen en el formato, pese a ello, en lo fundamental son bastante diferentes. Sin embargo, el ejercicio de orfebrería por el equipo encabezado por Peter Shin (dirección) y Patrick Meighan (guión) resulta tan brillante y ecléctico que termina logrando lo que se antojaba imposible. 



Aunque se enmarca dentro de la serie de los Griffin, la premisa comienza con un recurso muy propio de los argumentos de la familia amarilla. Es decir, un breve primer acto que trata un tema que no tiene, en apariencia, nada que ver con el prometido crossover. Pero no desesperen, hay un método en la locura y las tiras cómicas que empieza a dibujar Peter para el diario local van a terminar desembocando en el desembarco del clan de Seth MacFarlane en Springfield. 



No es que las relaciones siempre fueran fluidas entre los dos shows pero el hecho de compartir cadena (FOX) y el poderoso caballero con el símbolo del dólar influyeron a esta convergencia. No obstante, al César lo que es del César, se trata de un experimento de más de cuarenta minutos que en ningún momento se hace pesado. Nada resulta especialmente forzado y hay un sentimiento metaficcional que hará muy felices a los fans de uno y otro estilo de humor.



Y es que se trata de un especial realizado con mimo para las personas seguidoras de ambos espectáculos desde sus inicios. Una armonía que destaca en el apartado gráfico, situándose el punto de inflexión en la colaboración entre los animadores de Family Guy con David Silverman para ajustar las particulares características de unos y otros. Una onda en la que también se movió Walter Murphy para realizar una banda sonora que juntase cada repertorio para complementarse mutuamente.  



Es decir, un envase atractivo y que podía complacer. No sin gracia, en varias entrevistas posteriores los implicados se enorgullecían de que su propuesta había recibido el máximo elogio posible de la crítica en internet, siempre comprensiva y constructiva: "No es terrible". Acaso ellos mismos eran conscientes de que no iba a ser posible complacer a todos cuando el dueño de La Mazmorra del Androide sentencia: "La peor pelea de gallos de la historia". 



Al Jean, miembro de algunas de las mejores etapas de Homer y cía (también de otras bastante más cuestionables), encabezó la buena acogida que Springfield dio a Quahog. Simpatías que evitan ser de masaje mutuo cuando se trata un tema espinoso y que siempre ha estado ahí: la influencia simpsoniana que algunos maliciosos llamarían plagio cara a la creación de las criaturas de Seth MacFarlane.


Esta confrontación es, bajo mi modesto juicio, es uno de los regalos de la caja tonta a 2014. Se trata de una reflexión más atinada de lo que pudiera parecer a simple vista. Por un lado, tenemos un capítulo bien hecho y entretenido, si bien los cerebros de sus responsables se han estrujado bastante más de lo que pudiera pensarse. Padre de familia suele suponer una incómoda mezcla de lo sublime y lo grotesco, pero aquí se muestra generosa y, sin perder su sello de identidad, se pone al servicio de la familia amarilla sin caer en la servidumbre.



Obviamente, habrá cuestiones que puedan levantar ampollas en los más radicales de uno y otro show, pero, en líneas generales, ambos productos pueden darse por complacidos de haber sabido reírse de sí mismos con gracia. Aquí los creativos de los habitantes de Springfield no dudan en mirarse el ómbligo y comprender el efecto de hartazgo que puede haber provocado un programa que es historia de la televisión, aunque se ha eternizado como toda gallina de los huevos de oro que se precie. 



No se dejen llevar por los prejuicios y vean The Simpsons Guy con un puntito de relajación, como quien es capaz de disfrutar de algo sin decir, como magistralmente hizo South Park, aquello de: "Eso ya los hicieron en Los Simpsons".



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://familyguy.wikia.com/wiki/The_Simpsons_Guy



-http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Peter-Griffin-encontro-Homer-Simpson_6_301379881.html



-http://www.tv.com/shows/family-guy/community/post/family-guy-simpsons-crossover-the-simpsons-guy-review-season-13-episode-1-141167627198/