domingo, 26 de febrero de 2017

CRUZANDO EL RUBICÓN: CÉSAR DE COLLEEN MCCULLOUGH



De bello Gallico es una de las lecturas más apasionantes que pueden realizarse sobre la guerra en la antigua Roma. Sin embargo, esta crónica de los nueve años de campaña de Cayo Julio César frente a los pueblos galos supusieron mucho más. Y no solamente porque los Comentarios sobre la guerra de las Galias terminasen por convertirse en uno de los quebraderos de cabeza más frecuentes para los sufridos estudiantes de latín, sino porque mucho es lo que esconden las reflexiones y propaganda que el hábil César y sus partidarios dejaron sobre una de las operaciones más decisivas (y violentas) que se dieron para comprender el Mare Nostrum en el siglo I a.C. 



Colleen McCullough escoge esa ambientación tan especial (Gergovia, Alesia, Avárico, etc.) para trasladar a las afortunadas personas lectoras a una recreación con mayúsculas de aquella época. César forma parte de la ambiciosa saga que dicha escritora hizo de los últimos años de la República Romana, aquellos días tumultuosos y violentos que alumbraron a personalidades controvertidas y fascinantes (Cayo Mario, Lucio Cornelio Sila, Quinto Sertorio, Lucio Licinio Lúculo...). Con precisión de notario y un amplio manejo de fuentes, la hábil escritora nos traslada desde el primer párrafo al puerto Icio donde los legados cesarianos esperan noticias de su comandante, enfrascado en la controvertida expedición contra Britania. 



Sin lugar a dudas, el conquistador de la Galia es el personaje predilecto de McCullough, quien prácticamente lo coge como su ojito derecho desde el arranque de su repaso novelado en El primer hombre de Roma, cuando César acaba de nacer del vientre de Aurelia de los Cotta, también de formidable personalidad. No es casual que cuando comience este momento de madurez del futuro dictador de Roma, la escritora narre la muerte de Aurelia y Julia, la hija del primer matrimonio de César. Un vacío en los afectos que volcará todavía más al protagonista en su ambicioso cursus honorum, determinado a alcanzar la posición que cree merecer por sus excepcionales dotes, acompañadas de su abolengo patricio (el cual, dicho sea de paso, no había servido en exceso a sus antepasados por no disponer de unos niveles de fortuna acordes con la antigüedad del linaje). 


A nivel de estructura esta novela tiene un acierto mayúsculo: alternar lo que está ocurriendo en las últimas operaciones bélicas de la guerra con la repercusión que está alcanzando el auge de César en Roma. Por un lado, podemos hallarnos en la contienda frente a los eubrones, mientras que en el siguiente bloque callejeamos por una Roma turbulenta donde las bandas de gladiadores de Publio Clodio y Tito Annio Milón imponen su ley. Agitadores populares en el marco de un complejo juego de intereses en el Senado que McCullough narra con una inteligencia y claridad admirables. 



Si bien extenso, el relato no se hace tedioso en ningún momento, pues siempre están ocurriendo acontecimientos. La empresa va desde Vercingetórix hasta la batalla de Farsalia, que enfrentó a César con su antiguo yerno, Cneo Pompeyo Magno, hasta ese momento el general más afamado de la República. Solamente hay un error que termina condicionando en mucho la excelente narración: el sentimiento de que es inevitable que César gane. 



Por ejemplo, cuando describe a Tito Labieno, la autora logra una complejidad de la que adolecen otras novelas históricas. Es capaz de presentar a un general brillante y el mejor lugarteniente posible para César, mientras que también presenta la oscuridad y violencia de muchos de sus métodos, incluso para los parámetros crueles de las legiones romanas, Lo mismo para la personalidad de un Pompeyo en el crepúsculo de su grandeza, golpeado por el fallecimiento de su joven mujer y envanecido hasta límites peligrosos por la facción optimate que antes lo despreciaba por su origen picentino y ahora lo ven como el único baluarte posible si su antiguo aliado decidiera cruzar el Rubicón. 


César, en cambio, es prácticamente presentado sin fisuras. Incluso podremos vernos tentados a pensar que nada pudo ser mejor para las tribus galas que la romanización que con benevolencia les aplicaron las legiones a base de sangre y fuego. Como una hábil continuadora de la labor del inteligente Aulo Hircio (hombre de confianza de César, legado y fanático de su comandante en jefe hasta el punto de que el propio César le entregó la tarea de hacer en solitario uno de los Libros donde se despachó a gusto contra Labieno y exoneró de todo a su general), es una lástima que no se incidieran más en las partes más controvertidas del que, sin duda posible, fue el más notable romano en una época donde no existían no pocas personalidades brillantes. 



En el haber hay una dimensión muy poco explorada en otras obras literarias que trabajan este período: el mundo de las mujeres. McCullough es sumamente observadora para ahondar en ellas. Fulvia, Servilia, Aurelia y otras destacadas figuras del Capitolio que siempre habían estado ahí para inspirar pero que habían pasado desapercibidas en las fuentes varoniles de la época. La autora les da vida y nos permite explotar una faceta muy desatendida. 



A fin de cuentas, si algo es importante en esta clase de operaciones es conseguir agilidad y amenidad. Un mérito que César consigue sin abandonar la erudición y la riqueza descriptiva. Una pieza destacada de un fantástico engranaje (es una saga de novelas irregular, pero con picos de calidad muy altos) y que nos llevará a una de las etapas más fascinantes posibles. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.novelahistorica.net/2009/12/cesar-colleen-mccullough.html



-http://imperioromanodexaviervalderas.blogspot.com.es/2015/05/la-rendicion-de-vercingetorix-ante-cayo.html



-http://faculty.catawba.edu/cmcallis/history/rome/rome1.htm

domingo, 19 de febrero de 2017

LA DOBLE EXCUSA


Sonaba mal. Cuando un director ha sorprendido gratamente con un film tan redondo como Isla Mínima (El festín del cuervo) se embarca en un película cuyo argumento parece de telefilm de domingo por la tarde, suena a malgasto de talento. ¿Qué interés podía tener a estas alturas remover el célebre asunto Roldán? Sin embargo, conviene no olvidar que hubo un tiempo en que Francisco Paesa encontró en el ex director de la Guardia Civil a la excusa perfecta. Ahora, Alberto Rodríguez aprovecha al espía como pretexto para hacer la radiografía de muchos de nuestros demonios actuales. 



El hombre de las mil caras es una cinta narrada con ritmo y con pretensiones de thriller, aunque sin olvidar las particulares características de la España de aquel momento. Demasiadas cabriolas podrían dar irrealidad, también sería fácil rebajarlo todo a un asunto chusquero. Aquí emerge el oficio de un muy buen cineasta, de repente, el famoso affaire Roldán empieza a importarnos poco, pero sí las metáforas que ayudan a situar las coordenadas de nuestro día a día, de por qué estamos en este clima de desprestigio de instituciones, cargos públicos, altas finanzas, etc. 



Para ello, esta historia cuenta con un actor superdotado, Eduard Fernández, quien regala una de sus clásicas y camaleónicas transformaciones. Su Paesa es desde el principio un adecuado ejercicio de eclecticismo: lo sofisticado e inteligente se da la mano con lo improvisado, el gusto por la chapuza y la confianza de que siendo un poco más listo que el resto se puede hacer creer a la gente en lo que uno quiera. 


Con todo, pese a las magníficas prestaciones de Fernández, el guión adaptado comprende que le tendrá de gran protagonista, pero que Paesa ni puede ni debe llevar la narración de la historia. Para ello, Rodríguez y su equipo se encomiendan a un personaje más terrenal, Jesús Camoes, un piloto en unos días donde el aire todavía pertenecía a unos pocos y la clase turista no habíamos invadido los aeropuertos con ofertas a bajo precio por internet. José Coronado da buena cuenta de este apoyo de las intrigas de Paesa, todo un estereotipo también de una época. 



A su manera, el personaje de Camoes recuerda, en cierto sentido, al magnífico aprendiz de gángster que encarnaba Ray Liotta en la monumental Uno de los nuestros (1990). Está cerca de los que de verdad cruzan la raya y, por momentos, puede aspirar a sentarse en primera clase. Pero la vida, al final, te lleva a entender que quiénes de verdad son los bad boys no dejan sentarse a nadie en su mesa, donde se toman las verdaderas decisiones. 



La tercera arista del triángulo será el propio Roldán, interpretado aquí por el premiado Carlos Santos. Realmente, tras haberse escrito tanto en prensa e informado por telediarios acerca de quien fuera primero uno de los miembros más valorados del gobierno y posteriormente un chiste fácil de oficina, interesa mucho la versión de El hombre de las mil caras, presentando a un ser humano falible y casi abrumado por la soledad que le aguarda en su periplo, prácticamente un juguete roto en manos de un protector mucho más inteligente que él. 


Una enmarañada red de mentiras se irá tejiendo en una película que, aunque a veces parezca enrevesada, sabe perfectamente dónde pretende hacernos llegar. Hay lujos como veteranos de la talla de Emilio Gutiérrez Caba, cuyas apariciones son pequeños bocaditos del mejor cine, otorgando mayor empaque a este inteligente film de Rodríguez. 



Eso en el haber, pudiendo señalarse en el debe la escasa presencia de personajes femeninos. Hay dos muy importante, la esposa de Roldán (Marta Etura) y la propia pareja de Paesa (Mireia Portas), las cuales salen poco pero su esencia está siempre omnipresente sobre las decisiones de ambos hombres. Sin embargo, hubiera sido interesante dedicarles algo más a su visión de esta peculiar historia. Sí es una incidencia muy oportuna reflejar lo que supuso esta operación para la prometedora carrera presidencial de Juan Alberto Belloch. 



Tras el metraje, se sale con la sensación de alivio de que un gran director no ha perdido su toque. Que, en ocasiones, no es tan importante la historia como la manera de enfocarla. Hay mucho de nosotros mismos en estas versiones de Paesa, Roldán y Camoes. Y eso debería pararnos las orejas e inquietarnos. Entre vender una preferente a una confiada pareja de ancianos jubilados y falsificar una orden de extradición hay un parentesco claro, una vuelta al país de la picaresca, a la chapuza ingeniosa sobre el análisis certero.  



ENLACES DE INTERÉS:



-http://www.lavanguardia.com/participacion/concursos/20160914/41301484884/el-hombre-de-las-mil-caras-sorteo-entradas-jose-coronado.html



-http://www.hobbyconsolas.com/reviews/hombre-mil-caras-critica-nueva-pelicula-alberto-rodriguez-68158



-https://www.blogdecine.com/criticas/el-hombre-de-las-mil-caras-esta-espana-mentirosa

domingo, 5 de febrero de 2017

JOHN THE REVELATOR (HIJOS DE LA ANARQUÍA, PRIMERA TEMPORADA)


Hamlet y la Harley Davidson



Existen pocas maneras más efectivas de crear una historia que volver a los clásicos. Sobre el papel, Hijos de la Anarquía (2008-2014) es un programa enmarcado en los avatares de un ficticio grupo de moteros en una localidad de California. No obstante, entrando un poco en las entrañas de esta hermandad, pronto encontramos varios elementos shakesperianos: Hamlet y Macbeth. El espectro de un padre desaparecido antes de tiempo y la ambición por la Corona de Charming. 



¿Qué explica el éxito de la creación de Kurt Sutter? Existen varios factores, desde luego influenció el hecho de que el autor tenga un muy buen conocimiento de las características de este tipo de asociaciones y su peso histórico en Estados Unidos. Pero, más allá de eso, hay un elenco muy sólido, un reparto espectacular que provoca el inmediato interés del espectador, por más que dicha persona no haya tocado un ciclomotor en su vida.    



A través de los ojos de Jackson Teller (Charlie Hunnam), nos encontramos con una organización que bajo las cilindradas y talleres de reparación esconde varias actividades delictivas que los convierten en pequeños reyezuelos de taifas. No obstante, el destino se le aparecerá a Jack cuando descubra por azar unas memorias de su difunto padre que cuestionarán el rumbo que ha tomado su vida y la de sus amigos: la violencia y las armas no siempre estuvieron allí, hubo un tiempo en que el significado fue otro. 


¿Fuego o cuchillo? 



Tommy Flanagan, Mark Boone Junior, Theo Rossi, Ryan Hurst o William Lucking, entre otros, han podido pertenecer en algunos momentos de su carrera a la mal llamada estirpe de actores secundarios. Término inadecuado para hacer referencia a una de las bases que explican por qué funciona o no un film/serie a nivel de actuaciones: un secundario capaz de tener carisma en apenas unos minutos en pantalla termina enriqueciendo todo lo que hay a su alrededor. 



Junto con el arco principal de Jack y su núcleo de parientes más cercano, estos diferentes integrantes de la asociación irán repartiéndose protagonismo de manera coral. De una manera generosa y sin fisuras, me atrevería a decir, siendo creíble desde el primer momento, como diría Tony Soprano, que para estos individuos, una vez se entra en la familia, no hay nada más importante. Intérpretes de raza y con una gran fuerza, son gente capaz de embobar en una escena donde simplemente los ves sentados e intercambiándose miradas. 



Una logia de carretera donde el tatuaje hay que ganárselo para lucirlo, los difíciles pasos que deben darse para ser considerado uno de los nuestros. A medida que Jack intente introducir conceptos nuevos, el espíritu de unión se verá amenazado en todos sus frentes. Y es que este Hamlet de rasgos asgardianos tiene un tío Claudio particular, alguien que además duerme en la misma alcoba que su madre... 



"Cuánto pesa la corona"-Frank Costello, The Departed (2006). 



Ron Perlman es uno de esos actores que por sus particulares características imprime de un sello muy personal a sus personajes. De hecho, el rumor de la publicación próximamente de una biografía del intérprete ha generado mucha expectación entre propios y extraños. Sin duda, uno de sus papeles clave fue Clarence Morrow, el rey de los dominios que algún día está previsto que pasen a las manos de su hijastro Jack. Perlman dad un toque único a Clay, siendo una de las relaciones más interesantes del show la que mantiene con Gemma Teller Morrow (Katey Sagal, pieza básica de Hijos de la Anarquía). Igual que acontecía con Livia Soprano, Gemma es mucho más "mafiosa" en esencia que algunos de los supuestos chicos malos, siendo uno de los motores del rumbo de la banda. 



¿Lado bueno de las cosas? Sí que existe, también en Charming. El diputado jefe David Hale (Taylor Sheridan) vendría a ser un soplo de aire fresco entre tanta atávica violencia, escapando la primera temporada de Hijos de la Anarquía a una tendencia que tienen este tipo de inmersiones en el mundo de la violencia, ese síndrome de Estocolmo que lleva a los guionistas casi a justificar y presentar a sus perseguidores como seres deleznables, torpes y apocados. Hale sería un tipo honesto y que intenta hacer lo mejor para su comunidad, incluso carece de odio personal por el grupo de moteros como individuos, simplemente, es consciente de lo que la institución representa tras la calavera. En una frontera más difusa hallaríamos a Tara Knowles (espléndida Maggie Siff), antigua novia de Jack, y el jefe de policía Wayne Unser (Dayton Callie), cuyos lazos con Clarence y su séquito son más fuertes de lo aconsejable. 



No se trató de que Sutter y su equipo encontrasen la piedra filosofal. Simplemente, con mucha inteligencia, supieron aplicar las fórmulas clásicas del drama a un contexto diferente, cuidando todo lo que había alrededor. Así, incluso para un pequeño pero importante papel se dieron el lujo de contar con toda una presencia como Drea de Matteo (Los Soprano). Sumen todo a ello a uno de los finales más hermosos que se recuerdan de una temporada y tendrán todos los ingredientes para crear una serie adictiva y de calidad. 



En el nombre del padre... 



ENLACES DE INTERÉS:



-John the Revelator



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS EN LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.hulu.com/watch/46570



-https://es.pinterest.com/kristy2581/theo-or-juice-in-group-shots/



-http://showtime.stage.lamrock.com/assets/shows/13051/gallery/

LA PRINCESA GUERRERA DE THEMYSCIRA



Janice Race era una mujer preocupada. Su experiencia como editora no podía engañarla, estaban traicionando a un personaje con cuarenta años de historia a sus espaldas. Junto con dos iconos de la historieta como Superman y Batman, Wonder Woman (creada en 1941 por William Moulton Marston) era la el tercer lado del glorioso triángulo de DC Cómics desde la Edad de Oro. Sin embargo, a comienzos de la década de los ochenta del pasado siglo, la heroica amazona se estaba quedando muy atrás. John Byrne estaba re-formulando al Hombre de Acero, así como Frank Miller volvía a bautizar al Murciélago de Gotham en Año Uno (ver reseña año uno). Todo el universo de la franquicia había visto cómo le daban la vuelta (crisis en tierras infinitas), mientras la princesa Diana de Themyscira seguía anquilosada en fórmulas atávicas, relegada a ser una antigua leyenda e icono sexual para lectores masculinos. 



Antes de abandonar su puesto para volcarse en la edición de libros, la señora Race tomó una decisión por la que todo el Olimpo le estaría siempre agradecido: aceptar la oferta del dibujante George Pérez de hacerse cargo de Wonder Woman. Aunque ya tenía el merecido estatus de lápiz estrella dentro de la industria, nadie sabía a qué atenerse con el talentoso artista a la hora de elaborar un argumento, especialmente si en esa ocasión no iba a contar con la privilegiada cabeza de Marv Wolfman al guión, su mejor socio en la inigualable etapa de Los Jóvenes Titanes (contrato de Judas). Pero Race aceptó y el recién llegado decidió que la serie podía estar en horas bajas, pero que sus cimientos eran tan sólidos como evocadores: la mitología clásica.



Como persona inteligente, Pérez buscó ayuda en los temas que no era ducho. Fue asesorado para comprender mejor las distintas versiones (no pocas veces contradictorias) de algunos de los elementos que vertebraban a la protagonista. Se eliminó su identidad secreta y se actualizó su primer contacto con el mundo de los mortales. Karen Berger fue la sucesora de Race en las labores editoriales; exigente y sagaz para ayudar al guionista novato, Pérez iba alejándose de la mujer exuberante y pin-up para crear una presencia que pudiera rivalizar con lo que Walter Simonson estaba haciendo con Thor.


Otra decisión de logística acertada fue colocar en los primeros números a Len Wein como responsable de los diálogos de este nuevo desembarco de la hija de Hipólita a la Tierra. Con una edición cuidada, un artista prendado del proyecto y el asesoramiento de un guionista de experiencia para amortizar cada bocadillo en las cuidadas composiciones de Pérez, Wonder Woman también contó en su inicio con algunas de las ideas previamente planteadas por Greg Potter, quien había sido otra de las opciones barajadas al frente de la colección. A Potter se le debe vincular a Diana con Boston, ciudad natal del mismo, así como otros elementos de este nuevo periplo.



Bruce Patterson acompañó con el más delicado de los entintados el lápiz de un dibujante en perenne estado de gracia, capaz de transmitir al público la irrealidad de unas deidades que escapaban a nuestra comprensión. No obstante, carecían de invencibilidad, puesto que dependían de sus adoradores para poder funcionar y no ser olvidados. Consciente de que era necesario una amenaza a la altura de semejante protagonista, Pérez recurrió a Ares, señor de la guerra más que dispuesto a aprovechar la carrera armamentística de las dos superpotencias de aquellos días.



Hasta tal punto llegaban los poderes del díscolo hijo de Zeus que la princesa Amazona habría de ser algo más que una guerrera. La ingeniosa solución que planteará para asumir un reto que la sobrepasa en el plano físico, tiene una épica que no envidiaría a ningún cómic de Batman o Superman. Volverá a jugar con esa idea el autor cuando coloqué al lascivo padre de los dioses (la sufrida Hera podría dar cuenta de ello) como encaprichado de la retoña de Hipólita, volviendo a mostrarse la fuerza de voluntad y dignidad de una amazona que parecía estar alcanzando al fin todo el potencial que siempre poseyó.


El famoso episodio de Hércules y la reina de las mujeres-guerreras es aquí re-interpretado en toda su crudeza. Indudablemente, es una de las apuestas más arriesgadas de Pérez, quien logra plantear el espinoso tema con sensibilidad e inteligencia, sin rebajar nunca la gravedad. La fuerza de la que es capaz de otorgar a Hipólita y sus hermanas no había sido vista hasta la fecha, siendo Diana la única de su gente que no ha conocido los horrores del cautiverio y la violación. En un giro de tuerca arriesgado y certero, el guionista juega en humanizar al propio hijo bastardo de los dioses, poniéndolo frente al espejo de sus propios actos del pasado.



"Time Passages" (número 8 de este renacimiento de Wonder Woman) sería otro de los experimentos fructíferos de la colección: cuatro visiones de diferentes mujeres sobre el impacto que esta peculiar embajadora tendría en el mundo real. Una muestra sería Etta Candy, comparsa cómica en anteriores versiones, convertida aquí en una persona real muy interesante y con aristas. El contacto continuado a través de los intercambios epistolares con lectoras que empezaban a sentirse atraídas por Diana, permitió a Pérez iniciar un periplo que todavía hoy es considerado lo que mejor que se ha hecho con el personaje. Antagonistas como Cheetah alcanzaron, a la par, otros niveles de peligro y complejidad.



Contra fórmulas trilladas y estereotipos, el nuevo equipo creativo tampoco sintió una urgente necesidad de dar un inmediato interés romántico a la protagonista, que bastante tenía con aprender nuevos idiomas y enfrentarse a una sociedad completamente diferente a la suya. Diana ya no era solamente Wonder Woman, tampoco una simple princesa de cuento o una guerrera superheroica. Se había convertido de pleno derecho en la embajadora de Themyscira. Al fin, como pregonaba el oráculo de Delfos, se había conocido a sí misma.



BIBLIOGRAFÍA: 



-HERNANDO, D., En primera persona: George Pérez, Dolmen Editorial, Barcelona, 2004, pp. 114-130. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






sábado, 28 de enero de 2017

WILLKOMMEN


Willkommen. Bienvenue. Welcome. Cae la noche en el Kit Kat Klub. Ocupen su localidad y presten todos atención, puesto que está a punto de levantarse el telón, habría pregonado el maestro Sabina. Nos encontramos en el Berlín de la década de los 30, una fría Nochevieja donde la persona turista debe buscar un poco de calor y compañía en el primer rincón acogedor. Entre las perturbadoras noticias sobre el movimiento nacional-socialista de Hitler y sus seguidores, este escondido cabaret permite recordar que hay otras cosas en la vida que oscuridad, un refugio para huir de la soledad y los problemas. Todo el mundo real queda fuera cuando Sally Bowles extiende una hermosa pierna enfundada en una media y pide que la invites a una copa. 



Aterriza durante estos días el musical de Broadway por Córdoba, Cabaret irrumpe con fuerza y con todo el dispendio que tiene una obra clásica cuya adaptación a la gran pantalla (1972) la terminó de consagrar en el imaginario popular. Bajo la dirección de Jaime Azpilicueta, una gran puesta en escena nos introduce de nuevo a estos queridos personajes, con el libro de Joe Masteroff y la música de John Kander. La butaca se gana su precio, créanme.  



José Carlos Campos aparece de inmediato para convertirse en Cicerone, maestro de ceremonias paganas y Marqués de Sade si se tercia para este viaje al pasado donde vuelven a aparecer temas como Money Money, Cabaret, Willkommen, etc. Y, de inmediato, el personaje de Cliff (Alejandro Tous), el aspirante a escritor que, como Peter Parker le hubiera podido decir, no sabe que he has just hit the jackpot cuando se topa con una pelirroja (Cristina Castaño) que es la reina de ese micro-cosmos: Sally Bowles. 



Un triunvirato de protagonistas que lucen tanto en los números de baile como con sus diálogos chispeantes. Hay mucha tela que cortar en estos romances que transcurren con un telón de fondo muy concreto. Ello se adereza sabiamente con distintas subtramas algunas tan encantadoras como la de la casera Schneider (Amparo Salazar) con Herr Schultz (Enrique R. del Portal), mientras se van desarrollando nuevos afectos y surgiendo peligrosos odios.  



Y es que conforme más se rasca la superficie del viejo tugurio, más aristas vemos en unas personalidades complicadas. Pueden cambiarse nombres (e incluso nacionalidades, puesto que en el famoso film, el personaje de Michael York era inglés, aquí norteamericano) y adaptaciones del libreto, pero el intrigante triángulo que va a conformarse con un amigo alemán a quien Cliff encuentra en su viaje en tren que lo lleva a la capital bávara siempre generará expectación. Interrogándose sobre la orientación sexual de Cliff, la inteligencia natural de Sally la lleva a una reflexión maravillosa: "¿Qué más da? Al final lo que todos somos es personas. Si me preguntases por qué me pinto las uñas de verde, simplemente contestaría que es porque me gusta. Lo otro es igual"



Realmente, existen pocas cosas con más gancho que los perdedores con atractivo y carisma. Las personas vencedoras siempre terminan hallando la crónica oficial que esconderá sus cadáveres debajo de la alfombra, mientras que la honestidad desnuda de las sinrazones y penalidades de los integrantes de esta Corte de los Milagros bohemia producen una inmediata curiosidad. 


Hasta el mes de febrero, Cabaret seguirá celebrando su cincuenta aniversario tras recorrer más de una treintena de ciudades españolas y con más de quinientas funciones a sus espaldas. Algo sigue enganchando al auditorio sobre esta atmósfera de bohemia y copas, una promesa de reírse de la vida con una gran carcajada, como si los encantos y los placeres de don Carnal nos permitieran entrar en la fortaleza de la máscara roja que concibió Edgar Allan Poe.



Lástima que la realidad, como le ocurre a nuestros protagonistas, siempre encuentre una manera de colarse por la puerta. Por más que busquen huir de la política y la inflación del marco, al final el hambre aprieta y todos somos capaces de hacer lo que fuere por un poco de dinero cuando estamos ante la espada y la pared. Comprendemos que la huida es terriblemente seductora cuando el compromiso puede traducirse en cristales rotos y noches de cuchillos largos.  



Pero ya saben el dicho del maestro de ceremonias: Entre aquí, la vida es hermosa en el cabaret. Las chicas son divinas. Incluso la orquesta es divina. Durante unas horas en el Gran Teatro, sin duda, así fue... 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



-Gran Teatro de Córdoba, Cabaret, sesión del día 28 de enero de 2017 [Fotografía realizada por el autor del blog]







domingo, 22 de enero de 2017

ALIMENTANDO AL MINOTAURO


Cuenta la leyenda que el poderoso rey cretense Minos impuso un terrible tributo a los atenienses tras haberles derrotado. Los vencidos habían de enviar  a parejas de jóvenes sanas para entrar en un enrevesado laberinto donde aguardaba el monstruoso Minotauro, una poderosa y terrible criatura con la que los dioses habían castigado al monarca en el pasado. Como buen heleno, el economista Yanis Varoufakis rescata la mitología clásica para hablar de una realidad distinta, aunque no menos terrorífica: el marco económico surgido tras el descalabro de 2008. 



Antiguo ministro del gobierno de Alexis Tsipras, ese reputado economista realiza una disección en clave de metáfora de un complejo juego cuyas raíces no han sido las más subrayadas por la fiebre de la crisis que los medios de comunicación pregonaron hasta la saciedad desde entonces. Acostumbrados a escuchar que la culpa es de las clases bajas-medias por haber vivido por encima de sus posibilidades, no está de más que algún ensayo recuerde la ironía de un sistema donde los rescatados pusieron sus condiciones a quienes les ayudaban a recuperarse. El Minotauro global: Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía mundial es un interesante y polémico estudio que no podrá dejar indiferentes a los ojos lectores. 



El recorrido del relato lleva a las distintas ramificaciones que fueron sucediéndose en el laberinto tras la II Guerra Mundial. El notable papel de los Estados Unidos fomentando la reconstrucción de las economías japonesas y niponas (con especial incidencia en el segundo caso de que los salarios tuvieron un crecimiento muy inferior al resto de los elementos en la ecuación). La Bolsa de New York se convirtió en el nuevo centro de poder de Minos, convenciendo a todos los superávits de que no existía otra opción que compartir tributo y nutrirse de esa burbuja. Con todo, el propio Varoufakis admite que durante mucho tiempo logró funcionar bajo la fachada de una forma admirable, llevándose una especie de doble contabilidad donde la creciente demanda permitía la re-inversión. 


Existen diferentes condicionantes en el enfoque. Los graves problemas afrontados por Grecia en base a estos sucesos dejan su impronta en alguien que los vivió en primera persona. Sin menoscabar en ningún caso el fortísimo influjo exterior, es cierto que, igual que el discurso de una sociedad que vivió por encima de sus posibilidades es vacuo hasta los límites del insulto, los países meridionales europeos deberían mirarse el ombligo acerca de cómo se permitieron adorar al becerro/minotauro de oro. 



Particularmente reveladores resultan los pasajes dedicados a la gestión económico dedicada durante la presidencia de Ronald Reagan, así como la desindustrialización llevada a cabo por la Dama de Hierro en Inglaterra. Habida cuenta de la fuerza alcanzada por el neoliberalismo más radical y el prestigio alcanzando por algunos de sus popes, no están de más estas advertencias de Casandra acerca de los riesgos de los extremos de esta filosofía.  



Laelaps, el perro de olfato infalible para encontrar a sus presas, fue encaminado por los caprichosos dioses olímpicos a buscar a la zorra teumesia, otro animal con un fantástico poder de fugarse a su antojo. Finalmente, Zeus se hartó de aquella actividad imposible y los convirtió en piedra, mandándolos a los cielos. Más sensatez tuvo el padre de las deidades que el complicado y aparatoso juego de hipotecas basura y fondos sin garantía que terminaron dinamitando las operaciones de especulación, con un mayor alcance todavía que en el temido crack del 29 (el cual también es tratado en el ensayo). 


Planteadas de una manera mucho más divulgativa que el árido e impersonal estilo que suele propugnar esta ciencia para los neófitos, las páginas de economía de este texto simplifican, algo digno de agradecerse en una materia que se ha envenenado últimamente por disfrazar sus recovecos en la ornamentación. Por supuesto, Varoufakis ha gozado, goza y gozará de un buen número de opositores, algo a lo que él también alienta con unas maneras que se salen del protocolo oficial y etiqueta que impera en Bruselas. Más profundas y certeras son las críticas que advierten de que un excesivo personalismo y auto-condición de azote del Fondo Monetario Internacional en conferencias o producción pueden beneficiarle a él, pero en nada ayudan a un país que precisa de pocos brindis al Sol. 



Una de las polémicas más curiosas del reflejo de este tiempo que le implican tienen que ver con una fotografía que circuló por la red de él con su esposa disfrutando de una posición privilegiada y buen vino frente a la Acrópolis de Atenas. No pocos aprovecharon la oportunidad para señalar con el dedo al economista de simpatías neomarxistas que no predicaba con el ejemplo lo que decía en sus diatribas. Personalmente, no me parece incompatible una ideología crítica con el capitalismo más salvaje con disfrutar de una agradable velada con tu pareja, si bien, como suele suceder en el arte de las cuentas, es relativamente cómoda la posición de dedo acusador sobre lo que se hizo. Complicado adivinar qué es lo que está destinado a suceder, especialmente cómo paliar la carga de Atlas de los sectores poblaciones que más sufren. 



Como muestra, es llamativo lo taxativo que se muestra Varoufakis acerca de que China no va a heredar el manto de influencia económica de Estados Unidos en las próximas décadas, a pesar del peso de su modelo sobre los otros tigres asiáticos. Solamente Cronos dará y quitarán razones. Rara vez se pierde el tiempo leyendo un libro, aquí tampoco sucede. Abran sus páginas para oír otra versión, coincidan y discrepen, vean dónde no les convence y qué les revela este particular economista. Es otra perspectiva más de lo que nos viene pasando desde 2008. Cuántas más vayamos sabiendo, mejor para todos. 



ENLACES DE INTERÉS:



-RESEÑA EN EL SALMÓN CONTRACORRIENTE



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.amazon.es/Minotauro-Global-ENSAYO-ECONOM%C3%8DA-YANIS-VAROUFAKIS/dp/8466330615



-https://yanisvaroufakis.eu/books/the-global-minotaur/el-minotauro-global-the-global-minotaur-in-spanish/



-http://www.traveler.es/viajes/rankings/galerias/100-cosas-sobre-nueva-york-que-deberias-saber/353/image/16477

domingo, 15 de enero de 2017

ALLÁ DONDE CAIGA LA FLECHA...


Es una sonrisa que recordamos muy bien, la hemos visto miles de veces en pantalla grande o pequeña. El sagaz arquero contempla la llegada de su legítimo monarca, el rey Ricardo, mientras su hermano Juan y sus explotadores cobradores de impuestos han sido derrotados, una vez más, por los leales súbditos. Robin ha sido parte fundamental en el proceso; al menos, así lo quiso perpetuar la leyenda y, con mucho más ahínco, Hollywood. El film que hoy nos ocupa, Robin y Marian (1976) no cuestiona, bajo ningún concepto, ese precepto. Su protagonista es, de nuevo, el guerrero de Sherwood, podría ser cualquier de los anteriores encarnaciones, incluso el de la mítica versión de Errol Flynn (1938). 



No obstante, la película dirigida por Richard Lester tiene un truco que todavía la hace destacar en el carcaj filmográfico de la leyenda. Es el mismo Robin de siempre, pero pasado por los estragos de la edad y de la guerra. Olviden la eterna mueca de divertida auto-confianza y vean a un viejo soldado inglés con su inseparable camarada, mirando una fortaleza de mala muerte en el largo camino de regreso a casa. Es un objetivo militar de nulo interés, una batallada absurda y masacre sin sentido. Finalmente, sus sensatos consejos a Ricardo, apodado Corazón de León por su desempeño en las Cruzadas, solamente les darán como tributo el calabozo. 



Así empieza esta parte del cuento, la nunca narrada. Nada menos que Sean Connery da vida aquí al hombre que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. En el momento justo para este papel, el consagrado actor logra dar toda la madurez y el desengaño que transmite el inteligente guión planteado por James Goldman. Robin está harto, como también le sucede a su inseparable Little John (un Nicol Williamson que habla poco, pero cuando lo hace es para dictar sentencias imborrables, imperdible un diálogo suyo con Marian), del largo periplo. 


Dos amigos que partieron por fidelidad a su soberano y con la ilusión de hacer algo grande en las Cruzadas. Pronto, comprenderían que lo que les aguardaba eran las atrocidades de Acre, las violaciones, el saqueo y toda la barbarie que va asociada al concepto de guerra santa. Richard Harris da vida al siempre controvertido rey Ricardo (imprescindible a este respecto la biografía de Jean Flori sobre este personaje y su época) de una manera tan descarnada que se adivina su influencia en la versión de Ridley Scott décadas después (2010). 



Mucho dejaron atrás en Inglaterra, pero alguien tenía un valor claro sobre el resto: Marian. Audrey Hepburn da aquí la réplica a la presencia de Connery con una enamorada que hubo de acostumbrarse al desengaño. Tornada en abadesa y buscando una pequeña parcela de poder en un mundo de hombres, la antigua amante de Sherwood se torna en algo diferente, si bien quedan restos de una gran pasión. Antes de Ricardo y la guerra con Saladino fueron Romeo y Julieta, ahora presentan algunas arrugas pero poseen una lucidez mucho mayor acerca de lo que perdieron por el camino. 



Término abusado hasta la saciedad, no pocas de las llamadas películas románticas tienen un cierto aroma a irrealidad y, con perdón, toque empalagoso. No sucede así con este romance verdadero pero real, donde los estragos del tiempo y la desilusión también hacen acto de presencia. Y eso no menoscaba a la pareja, sino que convierte a Robin y Marian en más interesantes de lo que fueron en la tradición impoluta y sin defectos. 


Y para todo ello hacía falta una última pieza en el puzzle. No se puede hablar de los forajidos del bosque sin hacerlo, en cierta medida, del sheriff de Nottingham. Generalmente presentado como el avaricioso, no demasiado espabilado y bastante mezquino opresor de los habitantes de su jurisdicción, aquí encontramos a Robert Shaw cuestionando esas premisas de forma brillante. Shaw no brinda un villano para el héroe, sino un personaje sumamente complejo que, al igual que Robin, parece estar obligado por un destino invisible a cumplir con su rol. 



El señor de Nottingham también parece cambiado. No parece sentir mayor apego por el rey Juan del que Robin ha terminado sintiendo por Ricardo, aunque ambos se comportan como leales y competentes vasallos. A diferencia de otras versiones, aquí la autoridad es capaz de sentir dolor por sus soldados que caen en batalla, lamentándose incluso de no haberles adiestrado lo suficiente. Shaw y Connery otorgan de la nobleza de Aquiles y Héctor a sus creaciones, hasta el punto de sentir que es un verdadero desperdicio de valor y talento que uno de esos dos hombres termine matando al otro, cuando tienen mucho más en común de lo que las apariencias invitan a pensar. 



Y, por supuesto, al final de todas las aventuras, el inicio y el cierre será el mismo: Robin y Marian. Un tercer acto que, habida cuenta del contexto, no puede desprenderse de ese sabor agridulce. De cualquier modo, pese al inexorable paso del tiempo, de las arrugas y los achaques de las rodillas al saltar, nadie puede dudar que estamos ante el film más melancólico y verazmente romántico que nunca se ha hecho sobre el arquero. 



ENLACES DE INTERÉS:



-REGARDING SHERIFFS



-RESEÑA EN CINE SIN FIN



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://dvdbash.com/2013/01/02/audrey-hepburn-robin-and-marian-1976-starring-sean-connery/



-https://candledance.wordpress.com/2014/01/14/ros-addendum-the-greatest-enemy-regarding-sheriffs/



-https://candledance.wordpress.com/2014/01/14/ros-addendum-the-greatest-enemy-regarding-sheriffs/