domingo, 21 de agosto de 2016

DE RATAS, TOROS Y HOMBRES: ENTRANTES EN TIFFANY & CO. (CRÓNICAS DE NY, VII DE VII)


"No huí, sino que retrocedí como los carneros, para hacer de nuevo más fuerte la embestida"- Filipo II de Macedonia. 



El becerro de oro actual está en realidad fabricado en bronce, con un peso aproximado de 3.200 kilos. La representación escultórica de un toro bravo preside orgullosa el parque de Browling Green, muy próxima al centro financiero de Wall Street. A todas horas del día, turistas se le aproximan para tocarlo en búsqueda de suerte económica. Habidas cuentas de los precedentes desde 2008, apañados vamos si hay que depender de ese eje gravitatorio, de un oráculo de Delfos pagano que, a juzgar por lo que se intuye en películas como Margin call (2011) o La gran apuesta (2015), se preocupa poco por algo que no sea que la banca siempre gane. No obstante, para gustos los colores y ojalá la cábala ayude a quienes acaricien al carnero. 



La zona de Wall Street tiene una fauna de lo más variopinta, aunque los lobos trajeados abundan, tanto en manada como individualmente pegados al manos libres. Da que pensar hallarse en esa zona donde empezó a formarse la gran burbuja de codicia. Un ejercicio que no invita al optimismo sobre la cuestión es mirar los diferentes staff económicos que han tenido los diferentes presidentes estadounidenses, independientemente de si son republicanos o demócratas. Asusta ver que el roster no varía demasiado. Metáfora elocuente es un vehículo que viaja con la representación de una rata gigante a gran tamaño. Se estaciona a las puertas de aquellos negocios que no destacan por pagar puntualmente o dar satisfacción de aumento a sus empleados. 



Cuesta pensar que una estrecha calle en el bajo Manhattan pueda condicionar tanto lo que pase en el resto del mundo. Pasear por la Quinta Avenida es una sucesión de negocios de alto postín, desde ropa de primera calidad (New York marca tendencia en muchas cosas), a joyerías (algunas de ellas parecen sacadas directamente de Snatch: Cerdos y diamantes (2000). Y, merced al encanto de Audrey Hepburn, Tiffanys tiene un lugar privado en ese santoral de alto coste de admisión. 


"Cuando estoy triste, abro un libro y me olvido del mundo"- Lisa Simpson. 



Entre tanto negocio ofertándose en ribetes dorados, resultan llamativas las tres plantas que ocupa Barnes & Noble. En una demostración de que, a veces, Dios no juega a los dados con el universo, el establecimiento está muy próximo a la tienda oficial de la NBA. Así que las personas amantes de la lectura y el basket saben que tienen perfectamente solucionada la tarde si se encuentran por esa zona durante la visita a New York. 



Ha sido José Luis Garci uno de los españoles que más y mejor ha escrito sobre algunas de las librerías imperdibles en la ciudad norteamericana. Por desgracia, algunas de las que debieron de ser más míticas ya han desaparecido. Barnes & Noble ofrece tres cuidadas plantas organizadas por secciones donde es muy fácil perderse. Hay también estanterías reservadas a libros escritos en castellano. El rango de variedad incluye un amplio catálogo de revistas y una prolija parte orientada a los cómics (aunque para este menester recomendaría de manera entusiasta Midtown Comics, ideal para quienes sigan el género súper-heroico). 



Por supuesto, en un enclave así hay también librerías de viejo, así como mercadillos directos, donde se pueden hallar verdaderas gangas y joyas. Eso sí, es una tarea que consume un tiempo que, si su estancia en NY no es muy prolongada, quizás quieran emplear en otras cuestiones. Parada obligatoria, eso sí, es la Biblioteca Pública de la ciudad, la cual es de acceso gratuito y, eso después de haber estado por Wall Street, no tiene precio. 



-Calles y sueños- Federico García Lorca, Poeta en Nueva York.



Todavía hoy, la crítica literaria analiza de manera minuciosa el estado anímico en el que un genial artista llamado Federico García Lorca se encontró cuando firmó una de sus obras más singulares, Poeta en Nueva York. Añorando su tierra, con cuentas pendientes en el terreno amoroso y nostalgia de sus amistades, Lorca dejó de manera hermosa un reflejo de soledad, una sensación de desasosiego en una ciudad frenética y extraña. Muchas décadas después, Enric González advertía sobre una idea parecida: pocas veces se puede sentir uno más radiante que en New York cuando se está feliz; pero, amigos, cuando tu estado anímico tiene dudas, pocos lugares pueden hacerte sentir más solo que este conglomerado. 



A lo largo de esta semana, el blog ha mostrado siete pequeños reflejos de lo muchísimo que puede ofrecer esta visita. Se podrían hacer dos mil más y de mucha más calidad. Simplemente, se espera que el experimento haya servido para interesar un poco más a la Roma o Constantinopla de nuestro tiempo, un lugar singular y que es reflejo de infinidad de realidades. 



A partir de la próxima semana, Amarcord volverá a su periodicidad normal, aunque, convendremos en que NY bien valía una misa. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Captura del parque Browling Green por parte del autor del blog [agosto de 2016]



-Captura de la entrada de la librería Barnes & Noble por parte del autor del blog [agosto de 2016]



-Captura de la entrada a la Biblioteca Pública de New York por parte del autor del blog [agosto de 2016]

sábado, 20 de agosto de 2016

CICATRICES Y RECONSTRUCCIÓN EN LA GRAN MANZANA (CRÓNICAS DE NY, VI DE VII)


"La voz que dice que todas las guerras tienen inocentes. La voz que dice que sois un pueblo bueno y compasivo. La voz que dice no hagáis lo mismo, o la guerra estará perdida antes de empezar. No dejéis que ese conocimiento sea arrastrado por la sangre"- The Amazing Spiderman, vol. 2, nº 36. 



Todos los lugares tienen el suyo. Para Madrid fue una infausta jornada de marzo en la estación de Atocha. Recientemente, Bruselas y París vieron cómo el horror les infligía sus marcas. En el caso de New York, la abreviatura es clara: 11S. Y, con todo, son las zonas afortunadas dentro de la barbarie, momentos execrables localizados. Hace nada que la fotografía de los ojos de un niño sirio intentando comprender lo inexplicable, que su casa hubiera sido bombardeada en Alepo, nos recuerda que nunca habrá peor infierno que el creado por los seres humanos. 



El terrorismo deja como uno de sus efectos colaterales que desfile lo mejor y lo peor del resto en apenas unas horas. Cuando no se sabía qué estaba ocurriendo o el sacrificio orquestado por los pasajeros de un avión que se dirigía al Pentágono, New York respondió por encima de sus poderes públicos. La ciudad recuerda con dos fuentes silenciosas en homenaje perenne, también hay museos con los restos de lo que fueron las dos Torres. Uno no se anima a echar fotografías allí, como si se sintiera un intruso en la intimidad de un hogar. 



Hay una serie estadounidense que alterna lo genial con el mal gusto más zafio, Padre de familia; viene a coalición una escena donde, tras ver la Zona Cero, Brian Griffin, el perro parlante de la familia, explica a su amo, Peter, que los atentados fueron orquestados bajo el liderazgo de Osama bin Laden, quien en el pasado había sido adiestrado incluso por la CIA, junto con otros destacados linajes saudíes, para que hicieran la guerra a la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría, siendo el germen de la siniesta Al Qaeda. La respuesta de Peter a la explicación es muy similar a la que tuvo el presidente Bush tras el horror del 11S: "¿Estás insinuando que tenemos que invadir Irak?". Como ven, lo mejor y lo peor en el mismo instante, siempre habrá quien busque donantes de sangre para las víctimas y otros que sientan más predilección por pozos petrolíferos. 


"Si los has visto, es que no eran apaches"- Fort Apache, dirigida por John Ford en 1948. 



Tras los atentados, el turismo descendió hasta límites alarmantes en New York. Muchos guías turísticas tuvieron que re-orientarse profesionalmente a otros servicios, con especial atención a los referentes a la educación. Algunos de ellos formarían parte de programas de apoyo al absentismo escolar en algunos de los barrios más marginales, con peso muy destacado del Bronx. Zona mitificada en las películas, quizás recuerden una donde el bueno de Paul Newman se la pasaba de carrera en carrera persiguiendo a un ladrón convertido en U. Bolt, Distrito Apache: El Bronx (1981). El genial actor compartía créditos en el film con Pam Grier, auténtico mito de la blaxpoitation, la cual fue genialmente recuperada para las carteleras por Quentin Tarantino en Jackie Brown (1997). 



No obstante, ningún tiroteo en la gran pantalla podía hacer justa denuncia del salvajismo que se llegó a alcanzar en esa zona, el Distrito Apache. Dentro de su programa de reformulación urbana, Rudolph Giluliani se volcó en hacer más segura NY, volviendo a colocarla en los focos. De su éxito da fe la recuperación del tráfico de visitantes, sobre el precio a pagar, mucho es lo que podría ponerse en el debe. Enric González ha escrito de manera clara y con inolvidables anécdotas la singular y controvertida personalidad de dicho alcalde. 



El "saneamiento" del Bronx se hizo a sangre y fuego, La violencia policial sigue siendo uno de los objetos de debate más enconados, especialmente denunciado por parte del colectivo afroamericano. Por su lado, Fort Apache ofrece hoy una imagen distinta de la comisaría que se sentía en un islote (dos policías fueron asesinados en su coche patrulla por una residente del barrio, la cual estaba bajo efecto de las drogas, sin ser denunciada por sus convecinos). Incluso, no pocos turistas se acercan a hacerse fotos con los agentes, quienes lo hacen con una sonrisa afable. Imagen muy distinta de una larga y truculenta historia. 


"Ask your friends in the neighborhood about me. They will tell you I know how to return a favor"- Vito Cornelone, El Padrino II (1974), dirigida por Francis Ford Coppola. 



Existen pocos rincones más acogedores para pasear por New York que Little Italy. Prácticamente, es tener un trocito de Italia al otro lado del Atlántico, gracias a sus restaurantes y, entre otras, alguna pastelería maravillosa como Ferrara. A pesar de que siempre suele tener cola, les animo a tener paciencia, merece la pena poder estar sentado allí y disfrutar de su variedad de excelentes dulces. Próximo al local, pueden encontrar el pequeño pero acogedor museo de Little Italy, el cual funciona gracias a sus socios y las donaciones de sus visitantes. 



Pasajes de familias enteras embarcadas hasta New York, destacan las vestimentas conservadas, así como maletas, máquinas de escribir, correspondencia privada, etc. Un nombre resuena con especial fuerza para la comunidad italo-americana, Joseph Petrosino, quien llegó a alcanzar el puesto de oficial de policía en su nueva ciudad y falleció combatiendo al crimen organizado. Su figura avisa de los peligros de la Cosa Nostra, de esas organizaciones de las que cada vez vamos sabiendo más gracias a investigadores de la talla de John Dickie, cuyos libros sobre la materia son imprescindibles. Inmortalizada por algunos maestros del séptimo arte (Coppola, Scorsese, Palma, etc.), más allá de la mística en la ficción, la mafia fue uno de los azotes para esta comunidad en años duros de búsqueda de integración, violencia, la irrupción de la droga, etc. 



Little Italy ocupa hoy menos espacio que en el pasado, absorbida en un pedazo por otro enclave imprescindible, Chinatrown. Otra de las reglas de una New York siempre en constante ebullición, donde los colectivos de mudan, mezclan y reacondicionan en un permanente constante. Lejos de afectarle, es esa maravillosa mezcla de etnias la que permite a la ciudad que nunca duerme sobrevivir a sus cicatrices. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://kamilabdulassis.tumblr.com/page/61



-Fotografía al Distrito Apache en el Broxn, tomada por el autor del blog [agosto de 2016]



-Fotografía a la entrada de Little Italy por el autor del blog [agosto de 2016]

viernes, 19 de agosto de 2016

WHEN THE GARDEN WAS EDEN (CRÓNICAS DE NY, V DE VII)



"Es el lugar para mostrar tu talento para el basket"- Michael Jordan



El baloncesto y el hockey son dos deportes que pueden practicarse de manera muy satisfactoria en pista cubierta. Teniendo en cuenta las heladas, nieves y temperaturas bajo cero que puede alcanzar New York durante el invierno, no resulta nada extraño que sus respectivos equipos (Knicks [también hay escuadra femenina, las New York Liberty] y Rangers) sean muy apreciados y seguidos. Ambos comparten escenario, el mítico Madison Square Garden, un lugar que, por un motivo u otro, todo el mundo conoce. 



Para el turista es muy recomendable dejarse caer por la mañana en este enclave entre la Séptima y la Octava, ya que las actuaciones suelen ser por la tarde y noche. En una medida que deberían tener también otros grandes estadios, se ofrece un all access tour con guía que permite ver cómo este gigantesco complejo puede transformarse en poco tiempo en una pista de hielo, un parquet de basket, un concierto de los Rolling Stones, etc. También pueden observarse las estancias VIP que celebridades como Frank Sinatra tuvieron allí, o dónde se hicieron los festejos por uno de los cumpleaños de la actriz Elizabeth Taylor. 



Hay varios paneles que conmemoran distintos eventos que hicieron célebre al Madison. Un caballero llamado Michael Jordan aparece en varios de ellos. Un gesto de fair play que honra a New York, puesto que sin MJ y sus Bulls, probablemente aquellos Knicks de Patric Ewing habrían viajado a dos o tres Finales más de la NBA. Y es que esa pista parece hacer que los mejores lo sean todavía más. Estrellas como Reggie Miller, Lebron James, Kobe Bryant o Paul Pierce parecen haberse reservado algunos de los mejores trucos de su arsenal para citas con esta Meca del basket. Han pasado décadas desde When the Garden was Eden, pero la fiel hinchada permanece alerta y leal como siempre. Claro que el Madison tiene muchas más caras... 



Happy Birthday, mr. President




Sin duda, sigue siendo a día de hoy la celebración de cumpleaños con más grados de la Historia, something like it hot. Cuando Marilyn Monroe celebró el aniversario del presidente Kennedy, aquel hecho se convirtió en material para todo tipo de especulaciones y mitos de alcoba. No sorprende nada que estos dos protagonistas estuvieran vinculados, ambos todavía muy visibles en el imaginario popular de New York. Marilyn demostró que el metro de New York podía lucir más sexy que nunca, mientras el resto del mundo disfrutaba y el legendario Joe Dimaggio torcía el gesto; aunque nacida en Los Ángeles, miss Monroe tiene un lugar destacado en el podio de celebridades que pasaron por la Gran Manzana. 



JFK por su lado, tiene en su haber y debe una presidencia trágicamente interrumpida, una época dorada de Camelot en Guerra Fría que, por supuesto, tenía varios cadáveres bajo la alfombra, comenzando por la manera en que su progenitor había financiado su carrera política con amistades peligrosas. Igual que el rey Arturo, tuvo un gran gusto a la hora de escoger esposa (uno Ginebra, el otro Jacqueline), aunque sus affaires extra-conyugales se hicieron célebres. Inmortalizado en discursos como el pronunciado en Berlín, la propia historiografía sigue sacando revisiones de vida, obra y muerte de un presidente que, inconscientemente, fue el reflejo de toda una etapa en los Estados Unidos, con luces y sombras pronunciadas. 



Con todo, no es la célebre rubia la artista que más veces ha pisado el Madison. Tampoco Madonna o los Rolling, el récord de performances en semejante escenario corresponde a Billy Joel y su piano, los cuales tienen el honor de haber sido los que más veces han estado allí ante público, hasta el punto de que en muchos mentideros se solicita que sea reconocido ya como una franquicia más de este gigantesco negocio del ocio.  


"La única manera en la que un chico va a entrenar mucho es solamente si se lo toma como una diversión total... y ese fue mi caso"- Wayne Gretzky. 



Una cosa muy elogiable del Madison es que siente una singular respeto por sus héroes. Cuando subes arriba, puede apreciarse el dorsal retirado de Pat Ewing, así como todavía cuentan los guías la heroica resistencia de Walt Frazier a su lesión en las finales de 1970, anotando una canasta de las bien llamadas psicológicas y ensarzándose en una pegajosa defensa con el indomable Wilt Chamberlain. Dentro de ese Olimpo particular, Wayne Gretzky tiene el aura que solamente unos pocos escogidos alcanzan, habiendo convertido este originario de Ontario el Madison en el jardín de su casa, donde jugaba por divertirse. 



Aunque solamente estuvo tres temporadas en las filas de los Rangers (liderándonos a las Finales del Este), fue con esa camiseta cuando un comité de expertos lo saludó nada menos que con la catalogación del mejor jugador que se había visto hasta entonces en la NHL. Por supuesto, tras su retirada como Ranger, el Hall of Fame era su único destino posible.  



Y dejamos sin contar muchos otros momentos, como cuando las primeras filas para ver a Muhammad Alí y Joe Frazier eran tan costosas que los periodistas pidieron ayuda a celebridades como Woody Allen o Frank Sinatra para que tomasen fotos en su nombre. Una extraña mezcla de cultura popular y club exclusivo escandalosamente caro (el selecto Morgan). Recordábamos hace poco que John Lennon afirmaba que New York era el equivalente de la antigua Roma; sin duda, ya saben entre qué avenidas está el actual Coliseo. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Captura del vestuario de los New York Knicks en el Madison Square Garden por parte del autor del blog [agosto de 2016]



-Captura del museo del Madison Square Garden por parte del autor del blog [agosto de 2016]



-Captura del museo del Madison Square Garden por parte del autor del blog [agosto de 2016]

jueves, 18 de agosto de 2016

UN OASIS EN LA JUNGLA DE ASFALTO (CRÓNICA DE NY, IV DE VII)


"Vivo en New York igual que si hubiera vivido en la época del imperio romano, me hubiera instalado en Roma"- John Lennon. 



La historia de los Beatles con New York es curiosa. Todos ellos han actuado en ese templo pagano llamado Madison Square Garden, pero nunca juntos, es decir, cada uno por separado. Reflejo de la rápida disolución de aquellos melenudos a los que un visionario invitó a dejar aquello de la música debido a que con su estrafalario aspecto poco iban a rascar en el mundillo. Con todo, el grupo británico dejó un fogonazo en la cultura pop de su tiempo cuya llama todavía persiste. No obstante, de entre ellos, si hay un nombre que siempre estará vinculado a la ciudad estadounidense es el de John Lennon,  



Y es que su trágico asesinato ocurrió en el edificio Dakota, muy cerca de Central Park, lugar donde Lennon era una presencia frecuente. Quizás allí se inspiró para hacer varias de sus mejores canciones, las más comprometidas también, surgidas de su retiro en Manhattan, las cuales tenían una corriente pacifista que la administración de Richard Nixon, enfrascada en la truculenta guerra del Vietnam, veía con enojo. Un gran mosaico en una de las entradas del parque rinde tributo a la memoria del artista, testimonio de la influencia que todavía hoy sigue teniendo su recuerdo en la cultura popular neoyorquina. 



Una de las muchas historias silenciosas pero omnipresentes en un gigantesco complejo donde es muy recomendable ir en días de asueto como los domingos, cuando Central Park se halla en ebullición de gente deseosa de un pequeño picnic con familia y amigos, jugar un poco a la pelota o hacer volar la cometa, bailar, cantar, etc. Hay muchas maneras de disfrutar en este complejo y todas resultan válidas. En una jungla de asfalto tan urbanita, se agradece este gigantesco bosque que parece conectar un poco a sus habitantes con la naturaleza. 


"Y en efecto, el cristal del espejo de estaba disolviendo, deshaciéndose entre las manos de Alicia, como si fuera una bruma plateada y brillante. Un instante más y Alicia había pasado a través del cristal..."- Lewis Carroll, A través del espejo, Ediciones del Sur, Córdoba, 2004, p. 13. 



Hacia el noreste de Central Park pueden encontrarse con el Paseo de los Literatos, un agradable rincón que puede llevarles a un alto en el camino. Hay una agradable cafetería próxima por la zona, reconocible porque está junto a una gran fuente donde algunos llevan sus pequeños barcos para navegar por allí. Recomendable para saborear la pequeña terraza en todo su esplendor un buen brownie calentado para la ocasión, bocado imperdible. Si siguen un poco al travieso conejo, podrán subir unas pequeñas escaleras y toparse con la hermosa estatua de Alicia, el mítico personaje de Lewis Carroll  que preside orgullosa la zona. 



La chica que llegó al país de las maravillas está acompañada por estatuas de amiguitos suyos, aunque incluso si se las quitasen, rara vez estaría sola. No hay día en Central Park donde niños y no tan niños peregrinan cariñosamente para inmortalizarse en una fotografía con un personaje que sigue de plena vigencia, pensemos en las últimas adaptaciones cinematográficas de Tim Burton, sin ir más lejos. 



Hay una tentación muy humana que es querer verlo todo el primer día. Puede hacerse, pero resulta fatigoso por la gran extensión. También nos vemos invadidos por el síndrome del turista, sediento de tomar fotografías y selfies a cada ocasión. Normal querer tener recuerdos de tan representativa zona, pero les propongo, si gustan, que añadan otro ejercicio. Si en algún momento se sienten cansados o el móvil se queda sin batería, prueben a buscarse un cómodo banco situado en algunas de las fuentes. Reposen un instante y permitan una variable para conocer mejor Central Park. Es tan importante pasear por él como permitir que pase antes nuestros ojos. Sin moverse del punto, permanezcan, como la propia New York, con los ojos atentos al desfile de ciclistas, coches de caballos, corredores, visitantes, etc. Verán que es imposible mayor variedad en tan pocos minutos. 


"I want to live my life, not record it"- Jacqueline Kennedy Onassis. 



Entre el río Hudson y la salida a Central Park que da al Dakota, donde sigue residiendo Yoko Ono, por si el agradable paseo (no se pierdan tampoco los lagos, especialmente el antiguo embalse rebautizado en honor de Jacqueline Kennedy Onassis) les abriese el apetito, tienen muy próximo un pequeño local donde se consume uno de los productos estrella del país: los perritos calientes. Hacemos referencia al Gray´s Papaya, ideal para una comida rápida y que no empacha precisamente debido al tamaño no excesivo de los hot dogs, aunque su sabor compense su reducido empaque comparado con otros. 



Si han visto Sólo los tontos se enamoran (1996), recordarán que era uno de los souvenirs gastronómicos que los protagonistas añoraban de su época por la zona en Central Park. No es el único caso el Gray´s Papaya, en el propio parque encontrarán abundantes puestos que conviven con las ardillas y otros animalitos (algunos más agradables que otros, todo hay que decirlo) por el césped del complejo. 



Aunque el nivel de seguridad han mejorado mucho en los últimos años, no es excesivamente aconsejable perderse por los vericuetos más alejados de Central Park por la noche, los accesos de algunas de las calles están cortados y el tránsito de gente disminuye muy considerablemente a partir de las nueve de la noche. Igual que si hubiéramos sido antiguos romanos hubiéramos ido al Campo de Marte, no podemos privarnos al estar en New York de hacer una visita a este oasis en plena jungla de asfalto. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



-Captura de Central Park realizada por el propio autor del blog [Agosto de 2016]



-Estatua de Alicia en el Paseo de los Literatos en Central Park, realizada por el autor del blog [Agosto de 2016]



-Fachada del local Gray´s Papaya realizada por el autor del blog [Agosto de 2016] 

miércoles, 17 de agosto de 2016

BROADWAY DANNY ROSE (CRÓNICAS DE NY, III DE VII)


The Show Must Go On




Hay un viejo dicho para las personas que residen en algún punto de la avenida Broadway de New York. No importa dónde estén en la ciudad, siempre terminarán encontrando su punto de referencia, puesto que la avenida atraviesa en diagonal al resto. Eso sí, en ocasiones, de la caminata no les salva nadie, puesto que se tratan de más de 30 kilómetros por atravesar. Pero no son sus longitudes lo que más relevancia le dan, sino sus teatros, los cuales son buque y seña de identidad de una zona que se ha convertido en una especie de laboratorio de lujo para probar qué musicales exportar al resto del mundo. 



Un ejemplo del tipo de obras al que hacemos referencias está ahora mismo en cartel, The Phantom of the opera, la clásica novela gótica que se presta como pocas a todos los trucos y casi magia que los operarios del Majestic Theatre realizan. La capacidad de cambiar de escenario (de una elegante representación con una soprano italiana a un cementerio lúgubre de París en apenas un juego de luces) justifica cualquier entrada a esta clase de espectáculos. Actualmente, James Barbour, Ali Ewoldt y Jordan Donica encarnan al triángulo amoroso de una historia de pasiones, venganza y música. 



Es un ejemplo del tipo de show que también llevan hasta allí compañías como Disney. A pocas calles, también puede asistirse a Aladín o El rey león. Cuentos convertidos en toda una fiesta barroca donde la imaginación se pone a prueba. El elevado precio de los mismos hace muy recomendable rondar por las colas de anulaciones cercanas a Times Square, donde se hacen descuentos realmente notables. Eso sí, hay que andarse con mucho ojo debido al tema de las reventas y tickets falsos. 


SAM: Truth or dare? [¿Verdad o reto?]
MIKE SHINER: Truth [Verdad]
SAM: That´s boting [Eso es aburrido]
MIKE SHINER: Truth is always more interesting [La verdad es siempre más interesante]



El siguiente diálogo está sacado de la película Birdman (2014), dirigida por Alejandro G. Iñárritu, la cual narra la historia de una antigua estrella del cine de acción de Hollywood que busca reverdecer laureles con una representación clásica en Broadway. Una de las escenas más reconocibles es la del protagonista (Michael Keaton) andando en apuradas circunstancias por un Times Square que parece el centro de Tokio en hora punta, con grandes luminosos y vídeos gigantescos de promociones. Siempre que salen del teatro donde ensayan, se escucha un soniquete de música urbana que es el mismo que uno oye al salir de esos teatros. 



La esforzada cuadrilla que compone Birdman intenta, generalmente, ahogar penas con la bebida. No obstante, sería mal sherpa para guiarles por esos vericuetos, aunque si el azar les lleva a ver algún espectáculo cerca del Majestic, me atrevería a aconsejarles que entren en John´s Pizzeria, justo en frente del mismo. Mientras esperan agradablemente comentando la obra, pueden ver in situ los hornos de leña donde se está realizando sus pizzas. Se trata de un local muy recomendable y que da un punto de calma a una zona que, incluso dentro de la ciudad que nunca duerme, es la más hiper-activa de todas. 



Pegada al restaurante, hay una cercana tienda donde hay varios souvenirs y recuerdos que harán las delicias de los amantes del teatro, desde libretos, pasando por pósters, grabaciones, etc. Realmente, es una experiencia de la que no se deben privar. El despliegue audiovisual es increíble y la oportunidad de estar en uno de esos teatros tiene un componente de espectacularidad que resulta innegable. Aunque hay otras variables alternativas que, teniendo menos decibelios, siguen siendo impresionantes. 


Fiddler on the roof



Calle 53 oeste con Broadway. Salido un poco de la zona del gran bullicio, otro teatro esconde su propio secreto, una obra que se estrenó por primera vez en 1964, nada menos. Estará vigente hasta el próximo diciembre. No desperdicien la oportunidad de ir si se les presenta la chance. El violinista en el tejado, muy presente en el imaginario popular por su maravillosa adaptación al cine (1971), es otra clase de teatro, pero también es puro Broadway. Igual que hiciera Topol hace décadas, Danny Burstein, veterano de lujo para la ocasión, brinda este año toda la ternura y humanidad de un personaje inolvidable Teyve, el humilde lechero y su familia judía en tierra zarista en vísperas de la Revolución Rusa, destacando sus valerosas hijas, adelantadas a su tiempo en muchas facetas.  



Burstein tiene un consolidado historial bajo las tablas, habiendo hecho de todo, desde Cabaret hasta el taxista para la versión musical de Mujeres al borde de un ataque de nervios de Pedro Almodóvar. Está genialmente acompañado por Jessica Hecht, la cual hace de su esposa Golda. Más allá de su revisión de las costumbres de esa etapa de las comunidades judías en Europa del Este, hay un mensaje mucho más profundo y extensible a personas de cualquier etnia. Realmente recomendable y con algunas canciones maravillosas. Un tipo de puesta en escena menos altisonante que otras, pero igualmente imprescindible. 



También, por supuesto, hay una manifestación callejera constante, monologuistas que se ofertan, bailarines al aire libre en Times Square, guitarras en el metro... Broadway está en todos lados, aunque no se termine triunfando, ¿qué más da? Si hemos pertenecido a esa farándula, el bueno de Danny Rose nos tiene reservado asiento y un trozo de pavo el día de acción de gracias. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Fotografía realizada por el autor del blog en el teatro Majestic, día de función [agosto de 2016]



-Fotografía realizada por el autor del blog a la entrada de John´s Pizzeria [agosto de 2016]



-Fotografía realizada por el autor del blog en el teatro Broadway [agosto de 2016]

martes, 16 de agosto de 2016

MIRANDO A LAS ALTURAS (CRÓNICAS DE NY, II DE VII)


Historia de dos ciudades




Entre ciudades cercanas es normal que haya alguna especie de pleito o pique atávico que, en realidad, no tiene la mayor importancia. Todavía a día de hoy, verano parece una época ideal para que sevillanos y cordobeses disputen en cuál de las dos ciudades andaluzas hace más calor; bien mirado, sería una competición que nos interesaría perder a ambos. Incluso la ficción se ha nutrido de este hecho, baste recordar el feudo particular entre Springfield y Shelbyville. En el caso de New York, desde comienzos del pasado siglo ha hallado un especial placer en competir con Chicago a la hora de construir el rascacielos más elevado. 



Este desafío por hacer nuevas torres de Babel provoca la presencia de varios miradores que suelen ser parada recurrente para los turistas. Incluso el cuello corre peligro andando por cualquier calle al intentar distinguir lo que dicen los elevados carteles publicitarios. Como en tantas otras cosas, New York se ha servido del cine para inmortalizar muchos de ellos. Baste rememorar Algo para recordar (1993), comedia romántica que ya era un remake de Tú y yo (1957), donde el Empire State Building juega un papel crucial como punto de encuentro de los enamorados. 



Ahora bien, destierren cualquier espejismo hollywoodiense del chico o la chica corriendo de manera frenética para llegar a tiempo a la cita, frente a ascensores vacíos y escaleras. En el Empire State hay que hacer cola de rigor, pasar de manera obligada por la tienda de regalos (todas están situadas estratégicamente en el monumento en cuestión, money is money) y, descubrir que la idea de esa osada fotografía deberá esperar con paciencia, puesto que hay un centenar de otros visitantes que han tenido esa misma idea en idéntico instante. 


Las seis cabezas de Moloch



Con su inimitable estilo, Enric González definía así al sexteto de deidades económicas (Morgan en los bancos, Carnegie, forjador de acero, Vanderbilt, señor de los ferrocarriles, Astor, desde su trono de especulaciones, Frick, gestor de todo el carbón, y Rockefeller, padre de todos y del petróleo). Fundadores de dinastías que muestran en sus biografías las dos caras de Jano. Sus últimos años como patricios benefactores y embellecedores de New York se alternan con lo implacable de muchos de ellos en sus métodos, siendo estiletes de ese capitalismo darwiniano y feroz. Hagamos parada en Rockefeller Plaza para conocer a a una de estas seis personificaciones de Moloch. 



John D. Rockefeller supo aprovechar la explosión industrial como muy pocos en el país, hasta el punto de que hoy en día uno de sus descendientes sigue dando la bienvenida a los visitantes desde el vídeo antes de subir al ascensor que conduce a The top of the Rock. Otra de las atalayas reconocibles de New York, en un centro financiero donde se alternan tiendas de moda con sedes oficiales con compañías de la difusión de Lego o Nintendo. Incluso el inefable Super Mario cede al consumismo imperante y una estatua dorada del simpático personaje saluda a la entrada a los amantes de los video-juegos. 



Junto con el recuerdo de aquel millonario centenario que descubrió que los oligarcas empresariales deben aliarse en tiempos de crisis (que es cuando las pequeñas compañías caen, pero unos pocos pueden aprovechar para coger las asas del mercado), una fotografía habla también de otro esfuerzo. Es una estampa que encontrarán en cualquier tienda de souvenirs. Un puñado de trabajadores apoyados en una de las vigas, a gran altura, indiferentes al riesgo y a sus escasas medidas de seguridad. Bromean, se pasan tabaco y almuerzan. Probablemente, si les hubiera hablado de mi vértigo me habrían considerado un marciano. Héroes anónimos que son quienes, a fin de cuentas, garantizaron la construcción de muchos de estos edificios. 


Rockefeller Plaza



A pesar de buscarlos infructuosamente, se veía que Tina Fey y Alec Baldwin estaban de vacaciones de la NBC. Y es que, a fin de cuentas, suele considerarse que el momento idóneo para visitar el enclave es en Navidad, cuando la pista de patinaje está en alza y abunda (todavía más) el trasiego de personas con regalos y adornos. 



Desde los miradores pueden apreciarse otras de las torres urbanas, destacando en particular el Edificio Chrysler, con nada menos que 319 metros de altura, muy reconocible por su art déco y cima puntiaguda, reflejo de la época de construcción apasionada de este tipo de rascacielos (las teorías que hubiera podido sacar Freud de toda aquella fiebre). 



Fácil dejarse deslumbrar en tales alturas aunque, como bien advertía J. G. Ballard, tengamos cuidado, no termine siendo cierto que la vida en los rascacielos comienza a ser tan fría como lo que nos sucede en el hormigueo de allí abajo. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



-Fotografía realizada por el propio autor del blog en un restaurante de Little Italy [agosto de 2016]



-Fotografía realizada por el propio autor del blog desde el Empire State Building [agosto de 2016]



-Fotografía realizada por el propio autor del blog en Rockefeller Plaza [agosto de 2016]

lunes, 15 de agosto de 2016

DESEMBARCANDO EN LA CIUDAD QUE NUNCA DUERME (CRÓNICAS DE NEW YOK, I DE VII)



"If I don´t sleep nobody sleeps"- New York City.



Pongamos que hablo de Madrid para arrancar el viaje. Probablemente, muchos por estos lares hemos de recurrir a este enlace para realizar una visita a la ciudad que nunca duerme, una New York que entre las vacaciones estivales y las fiestas navideñas concentra una gran cantidad de turismo. Barajas se muestra como una odisea mucho más factible que aquellos agotadores viajes en barco que habían de pasar control durante la época de las grandes emigraciones en Ellis Island, el pequeño islote frente al puerto de la capital del mundo, como modestamente se hace llamar la ciudad estadounidense. Claro que, si se pilla en obras, cosa que en el caso del aeropuerto español tiene una alta probabilidad de suceder, el esforzado hormigueo de viajeros pasando controles y colas deberá armarse de paciencia. Festina lente



Muy recomendable para matar los tiempos muertos que abundarán son las lecturas, con especial interés a aquellas que pueden acercar al futuro destino. En los últimos años, han sobresalido las excelentes crónicas que Enric González le dedicó, recopiladas en un maravilloso libro titulado Historias de New York. Cada trabajo de este periodista sobre sus lugares de temporal residencia (Londres, Roma, etc.) tienen una gran calidad literaria, pero varios avatares personales que vivió allí hacen de esta pieza una perfecta iniciación para saber qué podemos esperar encontrar. 



Ya en el embarque, haremos bien en recurrir a la biodramina sin cafeína para caer pronto en los brazos de Morfeo ante la perspectiva de más de siete horas de avión y la perspectiva poco halagüeña del jet lag. Porque, desde que se entra en el aeropuerto JFK, el recién llegado se da cuenta de que, efectivamente, este centro urbano tiene uno de sus grandes aprecios en no cerrar los ojos nunca. Decía José Luis Garci que es una ciudad de gente alerta, aunque pueden llegar a producirse excesos en los controles que se realizan a la llegada. Poca broma ante el control y con la sensación de que el turista es sospechoso hasta que pueda demostrar lo contrario.  


"Nadie conducía en la antigua New York, demasiado tráfico"- Philip J. Fry, Futurama



Ese tono cambia de inmediato que uno abandona el JFK. Independientemente de si se está tatuado o no, de llevar o dejar de llevar piercing en la oreja u otra parte del cuerpo o cualquier otro rasgo, uno tienen la sensación por las calles de que New York juzga poco. Volveremos a incidir en ello cuando hablemos de la fuerte mezcla de grupos que se da en la ciudad, quizás la gran ventaja que la convierte en algo único en el mundo. Reconocibles a la salida del aeropuerto, puede observarse la característica y clara fila de taxis amarillos que se ofrecen a llevar por la gran metrópoli, habida cuenta de que hay avisos previos para los recién llegados de no subirse con ningún conductor que no tenga licencia oficial y vehículo reglamentado. 



Los taxis neoyorquinos aprovechan también sus letreros para hacer promociones de distinta índole, desde el musical que está de moda, pasando por el negocio de un pariente u otros placeres más cercanos a la noche. Busco a Travis Bickle infructuosamente, en realidad, la mayoría de los taxistas encontrados parecen notablemente cuerdos y gente muy correcta, si bien, a juzgar por el tráfico que sufren, la procesión irá por dentro. New York parece acostumbrada a erguirse orgullosa ante el insomnio, pero las constantes obras y sus frecuentes atascos no conocen descanso ni siquiera en un mes tan dado a la molicie como agosto. 



Eso sí, las grandes distancias que se recorren de una punta a otra (del JFK a lo que es en sí el casco urbano nadie quita una horita de carretera) aconsejan que, una vez establecidos mapas, planos y demás informaciones, el bienintencionado turista debe empezar a plantearse utilizar sus dos piernas y el metro. En el primer caso, NY tiene una gran ventaja. A pesar de ser gigantesca, tiene un trazado que hubiera aplaudido un veterano centurión de la X legión para organizar un campamento. No es que uno no pueda perderse, más si el amable lector goza de un sentido de la orientación parecido al mío, pero el sistema penaliza poco el error. Todo son grandes avenidas que atraviesan calles. Si ves que te has pasado de número, para abajo. En otras, para arriba. Casi podría parafrasearse aquel diálogo de El Reino de los cielos: "Viajad hasta donde hablen italiano y proseguid hasta que hablen otra lengua". Y eso allí no es una frase hecha, simplemente depende del barrio.


Six Feet Under



Una de las posibilidades más viables y aptas para los bolsillos es emplear el subway, es decir, el metro, el cual, a través de sus diferentes líneas, puede llevar en menos de una hora de un extremo a otro de NY. Las paradas son abundantes y además dan la agradable sensación de ser una de esas escaleras que utilizaban los protagonistas de Cómo conocí a vuestra madre para picarse acerca de quién sabía mejor cómo llegar en menos tiempo a determinado punto por los concurridos trenes.



Si la estancia es cercana a la semana, resulta muy recomendable la MetroCard, la cual se amortiza sola y permite no estar pendiente de ir sacando un billetito cada vez que se emplea este medio de transporte o el autobús. No es nada difícil hacerse con una en las máquinas facilitadas para ello en las paradas, aunque es recomendable hacerlo en efectivo, puesto que algunas son viejas y no reconocen, por regla general, tarjetas de crédito del extranjero.



Aunque el metro como tal esté operativo veinticuatro horas, hay que andarse con ojo porque determinadas bocas si pueden clausurar por la noche y, conforme avanza la madrugada, además, lógicamente, de tener menos personal. En total, 500 paradas, más de 1.000 kilómetros de vías y 26 líneas. Y, si alguien piensa que es casual que las inefables Tortugas Ninja tengan guarida en New York es que no han podido ver todavía algunas de las estaciones más viejas de la ciudad, donde no es infrecuente ver roedores por las vías. Eso sí, no se alarmen, por lo general, son ratas neoyorquinas. Suelen echar un vistazo de soslayo a los pasajeros que esperan desde arriba y sin camino. Una vez que se ha logrado entrar en la ciudad que nunca duerme, no hay necesidad de juzgar a nadie.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-La primera fotografía fue realizada por el autor del blog en el aeropuerto JFK [agosto 2016]



-La segunda fotografía fue realizada por el autor del blog en el cruce de la Quinta Avenida con la calle 41 dirección oeste [agosto 2016]



-La tercera fotografía fue realizada por el autor del blog en la estación de metro de Bowling Green Station [agosto de 2016]