domingo, 21 de abril de 2013

CALL ME PETER


Si alguien dibujase el perfil profesional de un actor cómico y copiase el CV de Peter Sellers, probablemente cualquier personaje que lo examinase le diría que eso es más bien ciencia ficción antes que una posibilidad real. Sin embargo, desde su explosión en la radio británica en los años 50, el peculiar intérprete, tan amigo de las improvisaciones, inició una conquista de Hollywood insaciable y que lo llevó a ser la bandera de películas hoy tan reconocidas como El guateque o el icono de la franquicia de La pantera rosa (donde en principio, solamente tenía reservado un papel muy secundario, hasta que devoró la pantalla). 




No obstante, más que un cuento de hadas, al igual que sucede con otros mitos del celuloide como  Marilyn Monroe, Sellers mostró durante toda su trayectoria una capacidad única para la auto-destrucción de lo que conseguía en los tablados de forma incuestionable. Es en su turbulenta personalidad (o más bien incluso podríamos hablar de procesión de ellas), en la que se centra la película que hoy nos ocupa, dirigida por S. Hopkins, cuyos guionistas elaboraron la trama basándose en la biografía de Roger Lewis, mucho más incorrecta que otras autorizadas sobre celebridades. 



El biopic presenta el gran acierto de encomendarse al talento del actor australiano, Geoffrey Rush, excelente profesional y que caracteriza de forma solvente al Sellers civil, aunque, en los homenajes a sus filmes, uno se sigue dando cuenta de por qué Blake Edwards seguía confiando en él pese a su particular estilo y, el diamante rosado, no ha vuelto a encontrar un Clouseau igual pese a las muchas intentonas. "Es difícil ponerse en su situación. No sé qué hubiera hecho yo de haber tenido tanto talento", llegó a señalar Rush con elegancia, aunque, en algunos momentos del metraje, cuesta pensar que estemos ante un biopic respetuoso, porque, sin duda, no lo es.

 The Life and Death of Peter Sellers, conocida aquí como "Llámame Peter", aborda sin pelos en la lengua los frustrados matrimonios del personaje, sus escasísimas dotes paternas, problemas de adicciones y un carácter inestable que le acompañó casi hasta el final de sus días e hizo que afirmase en una de sus últimas entrevistas que: "No era fácil convivir conmigo". Devoto de las fantasías y con cierto complejo ante el elemento femenino, su rodaje junto con uno de los grandes mitos sexuales del séptimo arte, Sofía Loren, le hizo acabar en un divorcio de su primera mujer por un affaire que probablemente solamente existió en su cabeza. 



La Loren, vecchia signora y siempre sabiendo estar, nunca entró en las polémicas de los tabloides amarillentos: "Nunca fuimos amantes. Peter era un tipo peculiar, pero era un gran compañero... yo le adoraba", más agradecida a la buena química en pantalla que tuvieron en Los millonarios, que a ese escándalo que fue un verdadero vía cruxis para la primera familia del artista. Resultan conmovedoras algunas declaraciones de sus hijos, incapaces de dejar de querer a aquel padre, ciertamente extraño y que parecía incapaz de controlarse a sí mismo.




Estrenada directamente para televisión por la prestigiosa HBO, uno de los grandes mitos ingleses del siglo XX, suscitó mucha expectación en la audiencia británica, lo cual se tradujo en una buena recolección durante los premios Emmy. Rush se llevó muy buenas críticas por su caracterización y asimismo se destacó a Charlize Theron como la segunda esposa de Sellers, Britt Ekland, actriz sueca a quien éste conoció a través de un consejo astrológico (le otorgaba a la adivinación una verdadera influencia en su vida, creencia que conservó hasta el final de sus días).


Hopkins dirige con una dosis interesante de experimentación el retrato del complicado Sellers, aunque se echan en falta más referencias a joyas como El quinteto de la muerte o su compleja relación con directores de la talla de Edwards o el mismísimo Stanley Kubrick, algo caricaturizadas, prefiriéndose siempre los trapos sucios (que no es óbice para decir que existieron y en cantidades industriales en su caso)  antes que incidir en su éxito profesional, quizás, una parcela más conocida y menos polémica. 



Algunas visiones como el disfraz de Rush de los personajes que van desfilando por la vida de Peter, son un acierto, especialmente para explicar su poco sano vínculo con su madre y las excesivas ambiciones depositadas por ésta en su talentoso retoño. En otros casos, el mundo psicodélico que rodea al personaje en sus alucinaciones, si bien poco explica más de la visible dependencia de las drogas del biografiado, parece únicamente alguna pirueta efectiva de cámara para darle salsa al relato.




Sería irrebatible afirmar que este tono en primera persona es mucho más arriesgado que él que tradicionalmente veremos en cualquier biopic. No obstante, algún momento escatológico y de puertas para adentro no dejará de resultar chocante e, incluso doloroso, para los admiradores del Sellers que fue uno de los grandes humoristas para generaciones de espectadores de todo el globo.



Quizás sea necesario volver a separar las dos almas aunque pertenecieran al mismo cuerpo. Maradona necesita un balón, Poe pluma y tinta.... y Peter, un personaje, un nuevo reto, una creación diferente con la que provocar, divertir y desternillar a todo y a todos. 



Desde el jardín, bienvenido, Mr. Chance...

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