domingo, 13 de noviembre de 2016

UN OSCURO GIRO DE TUERCA: EL JURADO


Cuando Reginald Rose escribió Doce hombres sin piedad para televisión, pronto quedó claro que era una obra de un dramatismo idóneo, excelente explotadora de todos los recursos que puede ofrecer un escenario a hábiles intérpretes. Poco tiempo después, se filmaría la primera de sus adaptaciones a la gran pantalla (1957), bajo el liderazgo en el casting de Henry Fonda, considerada todavía hoy en día una joya del séptimo arte. España no ha permanecido ajena al influjo de las tensas deliberaciones de un jurado acerca de la inocencia o culpabilidad de un acusado de asesinato, sobresaliendo un magistral Estudio 1 (VERSIÓN), rodada con un verdadero dream team de la época (José Bódalo, José María Rodero, Rafael Alonso, etc.). 



Actualmente de gira, podemos disfrutar de un nueva vuelta de tuerca al texto original de Rose, en este caso, a cargo de Luis Felipe Blasco Vilches, dirigida su puesta en escena por Andrés Lima. Varios motivos convierten el ejercicio en mucho más que un remake. En primer lugar, el aprovechamiento de esta época convulsa para hacer que los nueve protagonistas deban decidir si un político destacado ha cometido cohecho. Escándalo tras escándalo, taladrados por las corruptelas de muchos partidos, la opinión general imperante antes de empezar a discutir es que no puede haber otro veredicto que culpable. No obstante, resultará complicado alcanzar la unanimidad. 



El título El Jurado ya refleja uno de los añadidos más golosos, puesto que no solamente hay presencia masculina en sus filas como en la original, sino que cuatro de los representantes de la ciudadanía son mujeres. Ello nos permite disfrutar de actrices tan solventes como Isabel Ordaz, cuya vis cómica es irrefrenable incluso en los momentos más acalorados de la discusión. Cuca Escribano, Usun Yoon y Luz Valdenebro tendrán también mucho que decir al respecto. No sabremos el nombre de ninguna de ellas, puesto que cada componente del jurado llama a los otros por su número de llegada, aunque queda claro que tienen más que sobradas circunstancias y condicionantes para adquirir prejuicios a la hora de enfocar un acto tan solemne como intentar dar una justa sentencia. 



La nota discordante en un clima donde nadie niega el axioma de que todos los políticos son unos sinvergüenzas es la del personaje interpretado con maestría por Pepón Nieto. A base de argumentos y cierta terquedad, irá nivelando una balanza que parecía clara. Sin embargo, estas personas se mueven en un mundo repleto de falta de certezas. Rose escribió sobre la vida de un chico de barrios marginales en peligro de recibir pena de muerte, Vilches lo hace sobre una figura pública que ha llevado un ritmo ostentoso de vida. Por fortuna, el segundo escritor es perfectamente consciente de esa diferencia y lleva el argumento a su terreno, haciendo un diagnóstico perspicaz y más allá del tópico de estos años donde todo un sistema se ha venido abajo por su falta de transparencia. 



La obra, pese al clasicismo que evoca, no se priva de jugar y experimentar, algo que será digno de agradecer para el público. Con una excelente combinación de iluminación y recursos para mover la mesa de deliberaciones, no solamente asistimos a una discusión estática, sino que tenemos apartes, instancias de confidencia de pasillo, momentos donde algunos integrantes del jurado consiguen un aparte para intentar convencer, presionarse o, simplemente, comunicarse. La dirección es excelente a ese respecto. 



Tal vez el único inconveniente radique en la época del año en la que estamos para disfrutarla plenamente. Ambientada en una de esas jornadas de verano donde la noche es tan bochornosa que termina generando tormenta, julio o agoto son los meses más idóneos para sumergirse de lleno en esa tensa tarde que se prolonga hasta la madrugada. En noviembre puede costar un poco más. De manera maliciosa, el guión incluye además el hecho de que haya un apetecible partido de fútbol España-Argentina que lleva a algunos de los miembros del jurado a ambicionar que el debate sea lo suficientemente breve para llegar a tiempo a verlo, sin importarles en exceso su responsabilidad.

  
El juego lleva a enfrentamientos de cariz más social que jurídico, siempre con la desilusión política como telón de fondo. Personajes de distinta extracción, nivel económico y cultural que terminan estallando en los momentos más inesperados. Particularmente certera, dentro del muy buen nivel general, es la composición del personaje de Victor Clavijo, verdadero prototipo de un estilo de vida. Todos los integrantes en la sala se benefician de un vestuario sencillo y muy cuidado por parte de Paloma de Alba. 



Por su lado, la manera de llevar a cabo su papel por Canco Rodríguez tiene positivas reminiscencias al que hiciera Sancho Gracia hace décadas en el ya citado Estudio 1. Eduardo Velasco se verá investido con la ficticia batuta de presidente de estas nueve fieras, labor ingrata que el solventa con eficacia, mientras que Jorge Bengoetxea tiene el goloso caramelo de un representante de la clase media a quien los vaivenes de la crisis del ladrillo han colocado muy por debajo de su anterior estatus. 



No se priven, si se les presenta la ocasión, de este regalo que llega a los tablados, un jurado del que todos formamos parte...y eso es lo que más asusta. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Programa "El Jurado", Gran Teatro de Córdoba (función del 12 de noviembre de 2016).



-http://kedin.es/madrid/que-hacer/el-jurado-con-pepon-nieto-y-yon-gonzalez-en-matadero-de-madrid.html



-http://cultura.elpais.com/cultura/2016/04/13/actualidad/1460566963_730822.html

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